
Alessia Guerra
El show de la pureza democrática acaba de recibir un duro baño de realidad en la Suprema Corte. Mientras en el discurso oficial la "cuarta transformación" se llena la boca prometiendo erradicar las mañas del pasado, en los hechos acuden al tribunal constitucional a pelear con uñas y dientes para que el crimen organizado no pierda sus inversiones electorales. No es una suposición; es el resultado formal de la batalla legal que el partido guinda libró contra el blindaje impulsado en Chihuahua.
La gobernadora Maru Campos no tardó en poner el dedo en la llaga. Y con justa razón: el Congreso local había logrado algo inédito en el país al establecer que, si el narco metía mano, dinero o metralletas para hacer ganar a un candidato, la elección se anulaba de tajo y el ganancioso perdía la candidatura sin derecho a pataleo. Una regla simple que asustaba a los verdaderos dueños de la plaza. Pero a Morena le pareció un "exceso" y corrió a la SCJN para tirarla.
El argumento de fondo que deja al descubierto la jugada es casi cómico si no fuera trágico. Dicen defender el debido proceso, pero la consecuencia práctica de su litigo es desoladora: si un aspirante llega al poder cobijado por las armas y los billetes del crimen, ahora la Corte le devuelve la sonrisa, le mantiene el registro y le permite volver a competir en la reposición de los comicios con las mismísimas herramientas de coacción. Todo legal, todo patrocinado, todo con el sello de aprobación jurisdiccional.
Resulta revelador ver cómo operan las prioridades de la bancada guinda. Cuando se trata de perseguir opositores o armar juicios sumarios en la tribuna, la severidad les sobra; pero cuando se intentaba cerrar el paso al dinero sucio en las urnas chihuahuenses, les entró un repentino celo garantista. La pregunta incómoda se responde sola: ¿a quién le estorbaba tanto una ley que castigaba la metida de mano del narcotráfico en las votaciones?
Al final del día, el panorama para las elecciones de 2027 en Chihuahua queda servido en bandeja de plata. Con la puerta de emergencia abierta de par en par por la vía judicial, los grupos de poder fáctico ya conocen el camino para operar sin el temor de perder lo ganado. Podrán disfrazarlo de triunfo leguleyo, pero en la calle la lectura es una sola: cuando se tuvo la oportunidad de cerrarle el paso a los capos en la boleta, prefirieron tumbar el cerrojo.



