
CIUDAD DE MÉXICO — La investigación del caso Ayotzinapa ha incorporado nuevas líneas de indagación centradas en el monitoreo de llamadas telefónicas a una funeraria local, el seguimiento de la actividad de los teléfonos celulares de los estudiantes desaparecidos y el testimonio sobre la presencia de un niño durante los hechos acontecidos en Iguala, Guerrero.
Las pesquisas buscan reconstruir los movimientos clave registrados la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, analizando los registros de comunicación emitidos desde los dispositivos móviles de las víctimas tras su detención. Asimismo, las autoridades investigan la vinculación de servicios funerarios y hornos crematorios que habrían sido utilizados en la zona durante esas horas críticas.
A estas diligencias se suma la revisión de testimonios que señalan la presencia de civiles e infantes en los puntos de ataque, lo que busca precisar la cronología de los eventos y la participación de los distintos actores involucrados en la agresión.
La Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia mantiene estas vertientes abiertas junto a las autoridades fiscalizadoras para contrastar las pruebas periféricas con las declaraciones integradas en el expediente.









































































