
CIUDAD DE MÉXICO.- La agencia calificadora Moody’s Ratings anunció el recorte de la calificación soberana de México, degradándola a “Baa3” desde la nota previa de “Baa2”. La firma argumentó un persistente debilitamiento en la solidez fiscal del país debido a gastos gubernamentales rígidos, una base de recaudación limitada y el constante apoyo financiero a Petróleos Mexicanos (Pemex). Con este ajuste, la nota crediticia del país se sitúa formalmente a solo un escalón de perder el grado de inversión y caer en la categoría de bonos especulativos (junk bonds).
A la par del recorte, Moody’s modificó la perspectiva de la nota de "negativa" a "estable", lo que anticipa que un mayor deterioro fiscal será gradual y se mantendrá amortiguado por la estabilidad macroeconómica subyacente.
El análisis detallado por Moody’s pone de relieve las tensiones presupuestarias que enfrenta la administración pública y que restringen su margen de maniobra frente a choques externos:
Rigidez presupuestal: El incremento de los compromisos ineludibles, como las pensiones, las subvenciones y las transferencias directas a Pemex, han superado el ritmo de captación de ingresos, pese a que la recaudación fiscal y aduanera subió al 19.1% del PIB en 2025 (frente al 17.9% de 2021).
Prioridades políticas vs. mercado: La agencia advirtió que la búsqueda de la soberanía energética y el modelo de gasto redistributivo han debilitado las bases de la política fiscal frente a economías con calificaciones similares de la categoría "Baa".
Impacto institucional: La desaceleración de la inversión privada refleja incertidumbre política por la revisión del T-MEC y las modificaciones institucionales locales, incluyendo los efectos de la reforma judicial.
La calificadora proyecta un panorama de atonía económica a corto y mediano plazo, recortando la previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) real a menos del 1.0% para este año, con una modesta recuperación estimada en 1.3% para 2027, antes de converger a su tasa tendencial del 2.0% de forma gradual.
Esta acción se suma al movimiento de S&P Global Ratings, que la semana pasada revisó la perspectiva del país a "negativa" (manteniendo la nota en BBB), configurando un entorno de presión generalizada junto a Fitch Ratings (BBB-).
"Tanto Moody’s como Fitch evalúan al país apenas un escalón por arriba de perder el grado de inversión. Es como tener 70 de calificación", advirtió Gabriela Siller, directora de análisis económico en Grupo Financiero BASE.
La agencia concluyó delimitando las condiciones técnicas que guiarán sus próximas evaluaciones:
Hacia el alza: Una mejora duradera en los pilares fiscales que coloque la deuda en una trayectoria descendente, complementada por políticas previsibles que reactiven la inversión privada.
Hacia la baja: Una consolidación fiscal insuficiente que eleve los niveles de endeudamiento por encima de las expectativas actuales, o un periodo prolongado de debilidad económica que erosione la credibilidad de la política macroeconómica.



