
Por Alessia Guerra
Chihuahua se ha convertido en el escenario de un concurso para ver "quién la tiene más grande" (la convocatoria a marchas, claro). Tras el baile de cifras de la marcha de Morena —donde pasaron mágicamente de 5 mil a 20 mil asistentes tras novatear a la señora Ariadna Montiel—, el dirigente del PAN, Jorge Romero, ha decidido medir sus fuerzas convocando a una manifestación "histórica" dijo él, en favor de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. Porque todos sabemos que los problemas de un estado no se solucionan juntando gente con camisas del mismo color.
Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum saca el manual de la indignación patriótica y acusa a Maru Campos de "traición a la soberanía" por supuestamente abrirle la puerta a EE. UU. Por usar a la CIA sin permiso federal. Qué oportuno es usar el "comodín de Chihuahua" para ver si los mexicanos sufren de amnesia colectiva y se olvidan de las andanzas del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
El verdadero dueño del casino: Entre marchas de orgullo guinda y resistencia azul, ambos bandos juegan a las investigacioncitas. Sin embargo, el chiste se cuenta solo: mientras la CDMX defiende a unos acusados de narco y castiga a otros por "entreguistas", el Tío Sam tiene el verdadero As bajo la manga. Al final del día, los políticos locales pueden seguir colgando cabezas en las plazas, pero el veredicto final lo firmarán en Washington.









































































