
Por Alessia Guerra
Qué generoso es México y qué noble es su memoria, sobre todo cuando se trata de reciclar las más rancias costumbres del PRI del siglo pasado, pero ahora con un baño de pureza guinda. La reciente movilización de Morena en Chihuahua —esa que la dirigencia nacional juraba que sería "histórica"— terminó pareciéndose más a una excursión de desorientados que a una revolución de conciencias. Eso sí, el libreto del acarreo se ejecutó a la perfección, aunque los actores principales no supieran bien a qué obra venían.
Para empezar, el plan de la dirigencia nacional de poner a "mujeres al frente" se topó con la terca realidad de los bloqueos, las zanjas y las protestas en el aeropuerto. Al final, lo que se vio en las calles no fue la épica marcha del pueblo consciente, sino un contingente de cientos de adultos mayores caminando bajo el sol, sin una sola ambulancia a la redonda. Una logística tan precaria que rayó en lo peligroso, pero claro, cuidar al "pueblo sabio" es secundario cuando lo importante es llenar la foto para la CDMX. Lo verdaderamente sublime de la jornada fue el festival de la confusión institucional. Se escuchaba a los manifestantes exigir, con pancartas en mano, que se "arreglara el IMSS" porque, según les dijeron, la gobernadora Maru Campos "dejaba morir a los pacientes afuera". Alguien debió haberles avisado, aunque fuera en el camión, que el IMSS es de administración federal. Pero pedir rigor técnico en un mitin de Morena es como pedirle peras al olmo.
Entre la multitud, el panorama era digno de una comedia de enredos. Algunos confesaban con timidez que solo venían "a pasear" porque así se los prometieron; otros, más alegres y con evidente tufo alcohólico, ni siquiera sabían en qué ciudad estaban parados. El motor ideológico de la marcha brilló por su ausencia: si a los asistentes les preguntas por Karl Marx, probablemente piensen que es una marca de tenis. Y no los culpo, considerando que el paisaje guinda estaba inundado de tenis Nike, playeras Reebok y cachuchas de diseñador. Una estampa del "proletariado" muy bien calzada.
Pero la joya de la corona de la congruencia cuatroteísta la aportaron, como siempre, los dirigentes nacionales. Ellos, que tanto aborrecen los excesos del neoliberalismo, llegaron a la cita blindados contra el calor norteño dentro de sus camionetas de lujo. Y es que a los morenistas también les gusta vivir bien, y hasta con lujos; al final del día, la retórica marxista es solo para el micrófono, porque las comodidades del capitalismo son demasiado irresistibles. No estaría mal si fueran congruentes, pero la distancia entre su discurso y sus camionetas blindadas es más grande que el estado de Chihuahua.
Al final, los organizadores olvidaron un pequeño detalle: el chihuahuense tiene una idiosincrasia muy diferente a la del sur del país. Aquí el engaño burdo se nota rápido y el estilo del PRI setentero ya no entusiasma a nadie. Qué país tan generoso este, donde se puede marchar contra el capitalismo usando tenis de marca, exigiendo al estado lo que es de la federación, y todo financiado por una cúpula que viaja en camionetas que el ciudadano de a pie no pagará ni en tres vidas. ¡Salud por la transformación!



