
WASHINGTON D.C. — El gobierno de Estados Unidos anunció una nueva y agresiva ofensiva económica y financiera de alcance global con el objetivo de asfixiar las finanzas de Irán, aislar internacionalmente al régimen chiíta y forzar la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. La batería de sanciones, calificada por el Departamento del Tesoro como un «Día D económico», busca cortar de manera drástica las líneas de financiamiento internacional de Teherán para restar capacidad operativa a sus fuerzas armadas en la región.
El paquete de medidas contempla el bloqueo estricto de flujos de divisas internacionales, sanciones secundarias dirigidas a instituciones bancarias o empresas de terceros países —con especial énfasis en los vínculos comerciales con China— y la eventual imposición de aranceles a naciones que mantengan intercambios con la economía iraní. Con este movimiento, Washington pretende desmantelar la red de ingresos que sostiene las operaciones de la Guardia Revolucionaria sin recurrir, de momento, a un escalamiento militar directo.
La medida responde a la apremiante necesidad de reabrir el paso marítimo por el estrecho de Ormuz, cuya restricción por parte de Irán ha provocado un incremento de entre el 16 % y el 21 % en los precios internacionales del petróleo desde fines de febrero. Este encarecimiento del crudo ha impactado de forma directa en los precios de los combustibles dentro de Estados Unidos, generando presión sobre el consumo interno y convirtiéndose en un factor de tensión en el panorama político de la administración republicana.
En respuesta a los anuncios de Washington, el régimen iraní advirtió que considerará como «enemigo» a cualquier país que colabore con el bloqueo o aplique las restricciones financieras impuestas por la Casa Blanca. Portavoces del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán señalaron que la Guardia Revolucionaria podría emprender acciones bélicas de retorsión contra infraestructura estratégica y países aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico si la asfixia económica entra en vigor.
La escalada de tensiones mantiene en alerta a la comunidad internacional y a los mercados energéticos globales. Mientras Washington confía en que la presión económica obligue a Teherán a sentarse a negociar las condiciones de navegación en la vía marítima, los aliados regionales temen que la respuesta militar iraní desate un conflicto de mayores proporciones en todo Oriente Medio.



