
WASHINGTON – En un giro inesperado que amenaza su hasta ahora sólida alianza con los sectores religiosos, el presidente Donald Trump ha generado una ola de indignación tras atacar verbalmente al papa León XIV, el primer pontífice estadounidense. Pese a la presión de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. y de sectores evangélicos clave, Trump se mostró desafiante este lunes asegurando que "no hay nada por lo que disculparse".
El choque con la jerarquía católica
La tensión escaló luego de que el mandatario arremetiera en redes sociales contra León XIV, quien ha mantenido un discurso centrado en el Evangelio y la paz global. El arzobispo Paul Coakley y el influyente obispo Robert Barron —quien recientemente había mostrado cercanía con la administración— calificaron las palabras de Trump como "totalmente inapropiadas e irrespetuosas".
Desde el Vaticano, la postura se mantiene firme: el pontífice sostiene que sus críticas a las actitudes belicistas no son ataques personales, sino un llamado a la reconciliación en medio de los conflictos internacionales.
Tensión con el bloque evangélico
La controversia no se limitó al ámbito católico. La base MAGA y sectores evangélicos reaccionaron con horror ante una publicación en Truth Social donde Trump aparecía en una iconografía similar a la de Jesucristo.
• La reacción: David Brody, analista de la Christian Broadcasting Network, exigió retirar la imagen afirmando que "cruza la línea" del respeto religioso.
• La respuesta de la Casa Blanca: Tras eliminar el post, Trump negó la comparación mesiánica. "Se supone que soy yo, el médico, curando a la gente. Y la curo muchísimo", declaró a la prensa.
Riesgo político ante las elecciones
Este enfrentamiento ocurre en un momento crítico, a solo seis meses de las elecciones de mitad de mandato. Con índices de aprobación en descenso y una creciente disensión interna por la guerra con Irán, Trump se arriesga a alienar al grupo de votantes que fue fundamental para su victoria en 2024. Aunque sus aliados confían en que la disputa se olvide pronto, el malestar entre los líderes espirituales del país marca un precedente de distanciamiento sin precedentes.



