
La carne afectada por el gusano barrenador jamás llega a las carnicerías para el consumo humano. Aunque existe la falsa creencia de que las larvas pueden sobrevivir en los cortes de carne comerciales, los expertos aclaran que este parásito necesita estrictamente de tejido vivo para alimentarse y muere rápidamente una vez que el animal fallece.
El verdadero riesgo para la salud pública no son los gusanos en sí, sino las severas infecciones bacterianas y las toxinas que se propagan por el cuerpo del animal antes de ser sacrificado.
Por esta razón, los estrictos protocolos de seguridad alimentaria dictan que cualquier res que presente un cuadro avanzado de miasis (infestación por el gusano barrenador) debe ser completamente desechada y destruida.
Los controles sanitarios en los rastros autorizados garantizan que el producto final esté libre de toxinas bacterianas secundarias derivadas de la enfermedad, las cuales sí representan un peligro real de intoxicación o infección para los consumidores si se llegaran a ingerir.









































































