





Periodistas y familias fueron excluidos del tradicional arranque del ciclo agrícola; la orden federal dejó fuera incluso a los acompañantes del sacerdote que acudió a bendecir las aguas.
CAMARGO, CHIH.— Lo que históricamente era una fiesta popular y un evento de puertas abiertas para la región, se convirtió este año en un escenario de hermetismo y fricción. Por instrucción directa de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), los accesos a la presa La Boquilla permanecieron cerrados bajo llave durante la apertura de válvulas para el ciclo agrícola, impidiendo el paso a medios de comunicación y ciudadanos.
Puertas cerradas a la prensa y la fe
La tensión escaló cuando reporteros de distintos medios locales se toparon con las rejas cerradas. Un agricultor que se acercó al límite del acceso confirmó a los comunicadores que la orden de restricción provenía estrictamente de la dependencia federal. Según el testimonio, los productores locales no tenían inconveniente en permitir el acceso, pero los ingenieros de Conagua mantuvieron la prohibición absoluta de abrir las puertas.
Incluso el ámbito religioso se vio afectado por la medida: aunque se permitió la entrada a un sacerdote para realizar la oración por una cosecha próspera, a las personas que lo acompañaban se les negó el acceso, rompiendo con la tradición de acompañamiento comunitario en este acto simbólico.
Gestiones fallidas y nostalgia ciudadana
El presidente municipal de Delicias, Jesús Valenciano, intervino en el lugar abogando por la apertura de los accesos para permitir la transparencia y la convivencia ciudadana; sin embargo, su petición fue rechazada por el personal técnico de la Conagua, quienes se mantuvieron firmes en la postura de restricción.



