
Por Alessia Guerra
Tanto en Palacio Nacional como en Palacio de Gobierno de Chihuahua parece haber un notable desconocimiento sobre las normas no escritas del tablero internacional. Tanto la presidenta Claudia Sheinbaum como la gobernadora Maru Campos terminaron entrampadas en un expediente que ya no se resuelve con boletines ni discursos locales: el caso del operativo en El Pinal y la baja de dos elementos vinculados al círculo de inteligencia estadounidense, nada menos uno de los fallecidos, perteneciente al entorno familiar de gigantes corporativos en EE. UU., como el conglomerado detrás de las tiendas Marshalls, el agente Richard Leiter Johnston III (conocido como RickMover), piezas de este calibre en los oscuros pasadizos de la política de gabinete suele encender focos rojos en Washington, sobre todo en un entorno donde el círculo cercano de Donald Trump no suele perdonar afrentas ni descuidos en su patio trasero.
Mientras el temblor geopolítico amenaza con brincar fronteras, en el ámbito doméstico Maru Campos prefiere refugiarse en la comodidad de la narrativa preventiva. En una entrevista con Carlos Loret de Mola tan dócil que bien pudo llevar firma de su propia oficina de comunicación, la gobernadora desplegó un talento sin igual para la aritmética de la lealtad: aseguró haberle advertido exactamente ocho veces —ni una más, ni una menos— a su exfiscal César Jáuregui sobre el abismo legal que se le venía encima.
Con un dramatismo casi maternal, la mandataria sostuvo que sus alertas buscaban cuidarle la aspiración a la alcaldía capitalina para que la justicia no lo sorprendiera a mitad de campaña. Pero ante la "soberbia" del excolaborador, quien prefirió jurar que apechugaría ante los tribunales, la compasión de Palacio dio paso al pragmatismo: soltarle la mano y dejarlo a la deriva.
La pirueta verbal resulta fascinante. Maru afirma "no tener hígados negros" ni vocación de persecutora, apelando a su propia memoria como víctima en los tiempos de Javier Corral; sin embargo, en el mundo real, fue su propia fiscalía la que terminó arrestándolo, "perdiéndolo" unas horas y entregándolo a los juzgados. En el manual de estilo del poder, que tu jefa te prevenga ocho veces no es un acto de amor filial: es simplemente la cuenta regresiva antes de que te dejen solo frente a la tormenta.



