
Por Alessia Guerra
Pasar del grito de guerra opositor a la diplomacia de alcoba con Claudia Sheinbaum requiere un talento histriónico de Óscar, o bien, una carpeta de investigación muy pesada respirando en la nuca. De la noche a la mañana, el romance entre la autodenominada resistencia chihuahuense y la Cuarta Transformación pasó de las patadas bajo la mesa a las sonrisas de catálogo. Pero tranquilos, los milagros políticos no existen: lo que hay es un buen inventario de impunidad.
Dicen los que saben que el algoritmo de la Cuarta Transformación arrojó cuentas alegres: Morena se deshizo de Andrea Chávez —esa que ya le medía el traje encausado a la gobernadora— y le abrió la pista a Cruz Pérez Cuéllar. ¿El vuelto? Una ofrenda a la altura del sacrificio: empacar con puntualidad británica al fiel escudero César Jáuregui directo al Altiplano. ¡Qué manera tan sui géneris de demostrar amistad!
Ahora dicen que lo que enfureció a la gober María Eugenia Campos fue que sacaran el asunto de La Feria de Santa Rita, donde su hermano lleva la acusación mayor de una empleada que lo acusa de varios delitos, entre ellos acoso sexual, violencia económica y varias cosas la mención no solo quedó en Manuel Campos, dijo Luis Villegas, abogado de Andrea Cecilia Dominguez Anguiano, declaró el abogado a nivel nacional que Andrea se tuvo que esconder por la persecución que tiene. Luis Villegas también nombró en ese mismo asunto a Maru, Santiago de la Peña, su hermano Alberto de la Peña Grajeda y a Fernando Álvarez Monje. La diputada morenista Brenda Ríos mostró un segundo polémico video a medios de comunicación . En radio pasillo del palacio de cantera dicen que este hecho enfureció a Maru y se fue con todo contra César Jáuregui porque Luis Villegas es del equipo del ex fiscal y por tanto lo pusieron en la misma bolsa, será entonces que esto colmó a Maru?
Entre el misterioso narcolaboratorio bajo el tierno cuidado de la fiscalía y los supuestos agentes de la CIA, la DEA y el FBI tomándose el café en el famoso piso ocho de la Torre Centinela, la jefa indiscutible de todos ellos necesitaba un escudo humano urgentemente. Y ya que estamos regalando el changarro, ¿por qué no servir la gubernatura en bandeja de plata a Morena? Al fin y al cabo, dejar colgado al bueno de Marco Bonilla y empujar con calzador a Santiago de la Peña —a quien ni los propios calderonistas quieren ver ni en estampa— es un pequeño precio a pagar si de salvar el pellejo se trata dicen y esto pasa cada fin se sexenio estatal, donde los “amigos” se van al igual que el poder y lo único seguro que han tenido los gobernantes es repudio social.
Pobres lealtades de temporada: duran menos que un interinato en el Altiplano y se cotizan al peso. Sigan aplaudiendo la obra, que el circo apenas empieza.



