
Por Alessia Guerra
Dicen que en la política las coincidencias no existen y que los valientes abundan... cuando el peligro ya pasó.
Tardó, acomodó el micrófono y al fin salió Marco Bonilla a grabar su video de resistencia. Con rostro grave calificó de “montaje” y “espectáculo” el cargo de traición a la patria contra César Jáuregui. ¡Vaya revelación!
Pero lo más descarado de su libreto no fue el ataque a la federación, sino su conveniente amnesia. Bonilla apuntó con dedo de fuego hacia Palacio Nacional, la salud colapsada y el huachicol, cuidando con pinzas quirúrgicas no tocar a quienes en su propia casa encendieron la mecha del fuego amigo. De los que sirvieron la cabeza en bandeja de plata, ni una palabra. Morena solo tuvo que sentarse a recibir las ofrendas.
Hoy Bonilla promete resistencia al grito de "Chihuahua no se rinde". Pura pirotecnia retórica para amortiguar el shock de una militancia que no entiende cómo terminaron devorándose entre ellos.
Si el plan maestro era entregar cabezas a cambio de impunidad o un pacto en la sombra, fraguado desde el palacio de cantera, que alguien le avise a quienes “ Nadie por encima de la ley”, que la federación no tiene palabra de honor. Una vez consumada la purga en la casa azul, los acuerdos cobrados a oscuras pasarán al olvido y la factura llegará completa.








































































