
Por Alessia Guerra
Dicen las malas lenguas del círculo rojo —esas que todo lo ven y todo lo ventilan— que en los pasillos de Palacio de Gobierno ya no se respira tensión, se respira drama de telenovela estelar. Y es que la renuncia de Anya Trevizo, la inseparable asistente particular y auténtica sombra de la gobernadora Maru Campos, no es un trámite administrativo cualquiera; es el colapso de una relación tan cercana que ya rozaba los peligrosos terrenos del "amor y el odio".
Para nadie era un secreto que Anya no sólo cargaba la bolsa; era la confidente, la mano derecha y la que verdaderamente le sabía todos los secretos al poder estatal. Un estatus de "intocable" que, al parecer, terminó por intoxicar el ambiente. El miércoles pasado, el cuento de hadas laboral se rompió frente a las cámaras. Dicen los que estuvieron ahí que a la gobernadora le traicionó el ego: Anya intentó corregirla —un gesto que en otras épocas Maru agradecía— pero esta vez la mandataria prefirió el regaño público. El rostro de la asistente lo dijo todo. La soga se rompió por lo más delgado.
No es la primera vez que a la gobernadora se le borra la sonrisa y le gana la intolerancia en público. Cómo olvidar aquella mítica entrevista con el experimentado Joaquín López-Dóriga, donde Maru interrumpió abruptamente la transmisión para reprender a quien la distraía tras bambalinas, sólo para que el periodista le soltara un helado "aquí no hay nadie". El carácter de la jefa no es fácil de sobrellevar, y la línea entre ser el colaborador del año y el peor de los enemigos es sumamente delgada.
¿Cuál será el precio del silencio y la paz en esta ruptura? En el siempre confiable "Radio Pasillo" ya se cocina el premio de consolación. Se rumora con fuerza que a Anya le están preparando una regiduría en el municipio, entrando como suplente de la panista Joni Barajas, para cuando esta última decida irse a buscar una diputación. La gran incógnita es si a la ahora exasistente le bastará con esa migaja de poder o si decidirá cotizarse más caro. Después de todo, cuando eres la sombra del poder, guardas demasiada luz sobre lo que pasa en la oscuridad.



