
Por Alessia Guerra
Dicen por ahí, con esa sabiduría popular que solo otorgan los años y la sospecha, que cuando el río suena es porque agua lleva. Y en las aguas cada vez más revueltas de Morena, los rumores ya no corren: vuelan, se atropellan y provocan infartos preventivos.
Ahora resulta que el arroz guinda no solo estaría cocido: según los enterados, ya casi se les pasa de tueste. Las voces que aseguran tener línea directa con los altares donde se cocina la política morenista sostienen que la balanza finalmente se inclinó hacia Andrea Chávez y que la senadora con licencia estaría a punto de recibir la coordinación de los Comités de Defensa de la Transformación en Chihuahua, posición que funciona como antesala de la candidatura al Gobierno del Estado.
La versión cobró fuerza este martes, luego de que el diputado morenista Óscar Avitia asegurara públicamente que Chávez será la coordinadora y atribuyera esa expectativa a las encuestas y al posicionamiento que, según dijo, tiene la senadora en el estado.
Pero aquí es donde conviene bajar tantito el volumen de la música y recordar que una cosa es el anuncio de los informantes y otra la constancia oficial. La dirigencia nacional de Morena no había fijado públicamente, hasta este momento, una fecha definitiva para formalizar la designación en Chihuahua. De hecho, el estado ha quedado fuera de varias rondas de nombramientos mientras avanzan otras entidades rumbo a 2027.
Así que el famoso jueves —si finalmente es jueves— podría convertirse en día de fiesta para unos y de funeral político para otros. Porque en Morena Chihuahua la competencia entre Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar dejó de ser un simple trámite interno desde hace rato. La disputa ha exhibido diferencias entre grupos y ha obligado a la dirigencia nacional a administrar algo mucho más delicado que una encuesta: la unidad del partido.
Y mientras en Morena esperan la fumata blanca, en los alrededores del Palacio de Gobierno seguramente algunos ya revisan con lupa el tablero. No porque exista una sentencia escrita de antemano, sino porque cualquier cambio en el escenario rumbo a 2027 modifica cálculos, alianzas, nervios y hasta el humor de quienes llevan meses haciendo cuentas políticas.
Para unos, la eventual llegada de Chávez significaría el relevo generacional que han venido presumiendo; para otros, representaría un cambio de interlocutor y, con ello, la necesidad de recalcular estrategias. En política, ya se sabe: lo que hoy parece una sonrisa protocolaria mañana puede convertirse en una mueca de preocupación.
Por ahora, lo único seguro es que el platillo sigue sobre la mesa. Hay quienes ya están repartiendo los cubiertos, otros todavía discuten quién puso el arroz y unos cuantos aseguran que ya probaron el primer bocado.
Pero mientras Morena no entregue la constancia y haga oficial el nombre, la fumata sigue siendo humo.
Y si este jueves finalmente aparece el humo blanco, habrá que ver quién celebra, quién se atraganta y, sobre todo, quién descubre que en política el arroz puede estar cocido… pero todavía nadie ha servido los platos.



