
Por Alessia Guerra
Dicen que en la política chihuahuense la ceguera no es un problema médico, sino una estrategia partidista. La sola idea de imponer a Santiago de la Peña como el virtual abanderado del PAN a la alcaldía capitalina huele a un verdadero desastre electoral autoimpuesto.
Traer al redil azul a quien arrastra el tufo de la vieja casta del PRI parece la jugada Maquiavélica perfecta... pero para la oposición. ¿En qué momento el panismo de cepa decidió que la mejor carta para representar sus supuestos principios de patria y libertad era reciclar los despojos de un tricolor en ruinas?
El verdadero problema no es solo su origen ideológico de conveniencia, sino la abrumadora insustancialidad del perfil. Hablamos de un personaje gris, apático y con una notable alergia al pavimento, de esos que sufren salpullido si tienen que estrechar la mano de un ciudadano de a pie en un mercado local. Un funcionario de escritorio que jamás ha sabido atender las demandas populares pretende ahora ganar votos en las colonias caminándolas por primera vez, como si el carisma se pudiera comprar por catálogo o decretar desde una oficina gubernamental.
Las consecuencias de semejante capricho no se harán esperar en las urnas. Empezar la contienda cargando con el lastre de la imposición es la receta perfecta para el desastre: no solo abre de par en par las puertas para perder la codiciada alcaldía de Chihuahua, sino que arrastrará consigo al menos dos distritos clave de la capital que antes se daban por descontados. Más grave aún: el efecto dominó de este tropiezo local podría erosionar por completo la viabilidad del PAN para retener la gubernatura en el estado.
La pregunta que resuena entre la militancia desconcertada y el electorado desencantado es directa: ¿de verdad este es el futuro gris y flojo que el PAN pretende venderle a la capital? Arrancar imponiendo a un perfil incapaz de conectar con la gente es una apuesta suicida que anticipa la derrota. La duda queda en el aire para los altos mandos del partido: ¿seguirán ciegos al despeñadero o estarán todavía a tiempo de corregir el rumbo antes de que sea demasiado tarde?



