
Por Alessia Guerra
Dicen en el rancho que cuando la parca anda cerca hasta las sombras asustan, pero en Palacio de Gobierno de Chihuahua lo que anda suelto no es un fantasma, sino el rugido de un gato encerrado bastante rechoncho. A las puertas del cierre de sexenio, las lealtades en la política chihuahuense cotizan más bajo que el peso frente al dólar y las máscaras caen más rápido que las hojas en otoño.
La gobernadora Maru Campos ya lo sintió en el agua: el barco está por zarpar hacia el olvido y sus marineros más allegados prefieren aventarse al agua antes de hundirse con el barco. Ahí está el caso de César Jáuregui —a quien hasta hace poco le firmaba los cheques y las confianzas—, que ya trae un tufo a color guinda que se apesta a leguas. Se rumora que la cercanía de Jáuregui con Cruz Pérez Cuéllar y otros santones de la Cuarta Transformación no es gratis; si de este lado del río no hay arropó ni futuro, pues a buscar sombra en el árbol de enfrente. Y Rafa Loera no se queda atrás en el arte de calcular dónde salta la iguana. Total, el amor en política dura lo que dura el presupuesto.
A la gobernadora se le ve de un temperamento picado: un día risueña, al otro melancólica, y al siguiente echando chispas como buena norteña de mecha corta. La marea del poder —ese brebaje que marea al más pintado y al que todos se encariñan como si fuera de su propiedad— se está retirando, dejando al descubierto quién era de veras y quién nomás iba por el hueso. Maru, acorralada por el desgranar de la mazorca de su propio mandato, salió a dar la cara con la clásica estocada del despecho político: “Yo confío en pocas personas”, soltó, para luego refugiarse en la sotana, en la iglesia y en la bendición de su madre, las únicas áncoras que le quedan mientras su gabinete se desmorona.
Resulta conmovedor ver a la mandataria apelar a la "doctrina" y los "valores de hace 20 años" para reclamarle a Jáuregui su repentino amor por la 4T. Como si en la política de Chihuahua la doctrina fuera un dogma de fe y no una camiseta intercambiable según la temporada del año. Dice Maru que espera que no traicionen lo que fueron, pero se le olvida que en vísperas electorales la memoria es corta y el pragmatismo es largo.
La Federación ya tiene la mira puesta al estado; Chihuahua es una caja chica codiciada y las cuentas pendientes no se van a quedar guardadas en el cajón. Van a sacar las facturas en el momento exacto donde más chispas saquen y más duela. El show del fin de sexenio apenas comienza, y mientras unos rezan para no perder el piso, otros ya están haciendo maletas para cambiarse de bando. Al tiempo...



