
Por He- Man
SONRISAS DE NÓMINA
Aquellos que dicen que la magia no existe es porque no han visto la política chihuahuense en temporada preelectoral. Últimamente ha empezado a desfilar por las redes sociales una auténtica horda de funcionarios panistas posando en fotos con el aspirante tricolor que, por lo visto, juró la bandera blanquiazul a la fuerza solo para asegurar el hueso..
Ver esas imágenes es un deleite para la antropología del compromiso forzado: sonrisas más falsas que un billete de tres pesos y caras de "estoy aquí más a fuerzas que con ganas". Si esas fotos hablaran como los retratos colgados en los pasillos de Hogwarts, ¡mamma mía!, nos enteraríamos de un rosario de chismes, lamentos y resignación pura. "¡Atrás de mí está mi jefe!", diría un cuadro; "¡Sonríe o te recortan!", gritaría el otro. Pero bueno, los que salen en la foto cobran de la nómina, y ni modo que digan que no. Como la quincena manda, sale esa selfie con cara de "me encantó conocerte, hermano de otra banca partidista". Como bien diría el clásico: Ni peiper, dijo Mario.
LAS DOS SOPAS
Por otro lado, cruzando la acera política hacia Morena, la mesa está puesta y nomás hay de dos sopas: o es Andrea, o es Cruz. No hay más.
En una esquina tenemos a Andrea Chávez, una joven mujer que acaba de estrenarse como madre. Inteligente y audaz, ahora le toca conocer de carne viva esa empatía y sensibilidad filosa que solo la maternidad te otorga. Con su estampa de mujer multitask, Andrea sigue firme en el terreno y, siendo francos, muy probablemente sea la número uno en las encuestas, pero sobre todo en el territorio. Porque seamos honestos, la netflix: ¿qué viejito en alguna colonia popular le diría que no a una foto con Andrea Chávez? Es la foto del recuerdo garantizada.
Eso sí, no todo es miel sobre hojuelas, porque Andrea carga a sus espaldas una losa más pesada que la piedra del Pípila: "La Barredora" y el fantasma político de Adán Augusto, un lastre que bien podría hacerle sombra si no mide el peso de sus alianzas.
En la otra esquina está Cruz Pérez Cuéllar, un veterano del ring con una ampliaaaaaaaa carrera política. Ha llevado la camiseta del PAN, se dio su vuelta por Movimiento Ciudadano y ahora despacha como flamante alcalde con licencia en Juárez por Morena. Tres partidos recorridos por "Cruzito, mijo". La pregunta del millón es: ¿qué tan bien librado ha salido de cada camiseta que se pone? Dicen las malas lenguas por el norte que "Juaritos" no mejoró ni un gramo bajo su gestión y que la ciudad está lejos, lejísimos, de ser la mejor frontera del mundo, tal como nos la cantaba Juan Gabriel —el Divo de Juárez, no confundir con el otro divo, el de la balanza presupuestal—.
En fin, el menú está servido y la obra de teatro apenas comienza.
Consejo del día: Recuerden, amigos, que los artefactos eléctricos enchufados, aun estando apagados, siguen consumiendo energía. Aplica para la televisión de su sala... y para varios aspirantes en la nómina.
¡Hasta la próxima, amigos!



