
Qué bonita y qué tierna es la ingenuidad de nuestra alta burocracia estatal. Resulta que los flamantes y nuevecitos magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Chihuahua han inaugurado su gestión con un número de alta comedia política. Sin el menor rubor, decidieron que la mejor manera de estrenar su autonomía era armar un tierno "reborujo" institucional y abrirle las puertas de par en par al Poder Ejecutivo. Total, ¿qué tanto es una rayita más al tigre de la intromisión? Al parecer, la famosa división de poderes es un concepto tan pasado de moda que en los pasillos judiciales de Chihuahua ya se lo toman como una bonita sugerencia decorativa y no como un mandato constitucional.
Pero el verdadero punto cumbre del ridículo se lo llevaron los integrantes del nuevo Tribunal de Disciplina Judicial, encabezados por el siempre acomodático Paco Acosta. Con una sonrisa de oreja a oreja, se dedicaron a tirarle alfombra roja y caravanas al nada querido Secretario General de Gobierno, Santiago de la Peña. Sí, ese mismo funcionario que sólo despierta aplausos genuinos entre los ya conocidos y muy vendidos "gaudinis". Ver a los encargados de vigilar la rectitud de la casa recibir con tanta sumisión al operador político del palacio de enfrente es una estampa que oscila entre la pena ajena y el cinismo puro.
El pretexto oficial para este tierno encuentro —porque siempre hay un disfraz, aunque sea uno de pésima calidad comprado de última hora— fue una supuesta "visita de coordinación". Con esa excusa, el secretario se paseó como Pedro por su casa por los pasillos judiciales, escoltado por el séquito disciplinario: Gramer, Alanís, Acosta, Meza y la tampoco bien ponderada Nancy Escárcega —famosa por aquella bonita y muy oportuna coincidencia en la que su hermano fue liberado justo cuando ella tomó protesta—. La coreografía fue impecable, pero el vestuario de "independencia" se les cayó a los dos pasos. Ante tal nivel de sumisión, la duda mata: ¿pues qué tanto le deben estos magistrados a Santiago? ¿O acaso nomás lo llevaron a pasear para que conociera el lugar exacto donde él mismo los acomodó?
La pregunta que queda flotando en el aire chihuahuense, densa como el calor de julio, es muy simple: ¿Qué demonios tienen que andar "coordinando" el Tribunal de Disciplina con la Secretaría General de Gobierno si pertenecen a poderes constitucionalmente distintos? ¿Será que los nuevos magistrados reprobaron la materia de Derecho Constitucional o de plano creen que la ciudadanía es tonta? Lo verdaderamente grave y macabro del asunto es que quienes fueron elegidos para juzgar la disciplina y la ética de los jueces son, paradójicamente, los primeros en romper las reglas del juego, promoviendo la indisciplina y entregando la autonomía judicial en bandeja de plata. ¡Vaya guardianes del orden!



