
Por Alessia Guerra
Qué fácil resulta juzgar la tragedia ajena desde la comodidad del escritorio. Qué profunda superficialidad denota la mente de Ruth Sánchez, integrante del Consejo Consultivo de Perspectiva Familiar del Municipio de Chihuahua, al expresar que le "revienta" la placa recordatoria de Marisela Escobedo. Esa placa no es un simple pedazo de metal; es el testimonio silencioso de una madre que entregó la vida defendiendo el honor y la memoria de su hija, Rubí Frayre.
Hablar desde el "hubiera" es un ejercicio cargado de falsedad. Quien no ha caminado bajo el sol inclemente, marchando durante horas y días enteros clamando justicia tras encontrar a una hija asesinada, no tiene el derecho moral de dosificar el dolor ajeno. Sostener que Marisela Escobedo tuvo la culpa de lo que le pasó a Rubí no solo es una infamia, sino una muestra alarmante deshumanización. ¿Dónde quedó la sororidad y la supuesta defensa de la vida que esta funcionaria tanto pregona? Pareciera que su tiempo en el Consejo Consultivo no ha servido para sensibilizarla ante las problemáticas familiares, sino para afilar el machete y rematar el recuerdo de dos mujeres víctimas de la violencia más extrema.
Cada vez que paso frente a esa placa que a la funcionaria le molesta, a mí se me estremece el alma. Pido a Dios que proteja a nuestras hijas de tanto desalmado suelto, pero también de la indolencia burocrática. ¿Cómo culpar a una madre que luchó hasta exhalar su último suspiro frente a las puertas del Palacio de Gobierno? A Marisela la desampararon las leyes. La corrupción legal dejó libre a un psicópata que planificó su crimen y que se dio el lujo de sonreírle a la madre de su víctima en plena audiencia. Eso no es justicia; es una burla institucional.
Hasta el día de hoy, el Estado sigue en deuda con las mujeres. La revictimización no ha terminado; al contrario, es un monstruo que sigue devorando vidas. Detrás de cada feminicidio hay una familia rota que, en la mayoría de los casos, solo recibe más violencia institucional por parte de autoridades insensibles que miden el dolor humano con protocolos fríos y carentes de humanidad... Al tiempo



