




CIUDAD DE MÉXICO – En el marco de este Viernes Santo, la alcaldía Iztapalapa conmemora la edición número 183 de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. El evento, reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, reafirma su importancia como el epicentro de la devoción y la identidad cultural en la capital mexicana.
Un inicio marcado por la devoción
Pese a un retraso inicial de una hora en el programa oficial, miles de fieles y turistas se dieron cita desde las primeras horas del día. Mientras el protagonista permanecía en la casa de ensayos antes de iniciar el camino al Calvario, los asistentes formaron largas filas en el "huerto" para capturar imágenes de este evento que fusiona la recreación histórica con la fe religiosa.
El esfuerzo de los penitentes bajo el sol
Las calles de los ocho barrios de la demarcación se llenaron de nazarenos cargando cruces de diversos tamaños. Según la creencia local, el peso de la madera simboliza la magnitud de las culpas del penitente. Sin embargo, la jornada no ha estado exenta de incidentes menores:
• Lesiones: Protección Civil reportó un incremento de atención por heridas en los pies de los participantes debido al contacto directo con el asfalto caliente.
• Clima: Las altas temperaturas han exigido un despliegue mayor de servicios médicos para atender casos de deshidratación.
Fiesta cultural y despliegue de color
Más allá del rito religioso, el Viacrucis se ha transformado en una celebración comunitaria. El desfile incluye:
• Legiones romanas: Jinetes a caballo que abren paso entre la multitud.
• Personajes bíblicos: La presencia de figuras como Dimas, Gestas y Barrabás en jaulas móviles capta la atención de los más pequeños.
• Ambiente festivo: Turistas nacionales y extranjeros acompañan el recorrido disfrutando de la gastronomía local, como jicaletas y frutas preparadas, creando un contraste único entre la solemnidad del acto y la alegría popular.
Esta representación no solo cumple una promesa de fe, sino que consolida a Iztapalapa como un destino cultural de clase mundial, donde la comunidad se organiza año tras año para mantener viva una de las tradiciones más potentes de México.



