
Por Alessia Guerra
Paren todo, detengan la prensa y preparen los aplausos de pie: Alan Falomir, cariñosamente conocido en el argot político local como "El Cabrito", acaba de anotarse lo que en los círculos oficiales seguro calificarán como una "cumbre histórica de alto nivel". Y es que tener en la misma mesa a la crema y nata de la IP chihuahuense no es cosa de todos los días, mucho menos cuando los ánimos y la economía andan para morderse las uñas.
Ahí estuvo la plana mayor. Vimos a Don Polo Mares, siempre firme; a "El Pollo" Treviño, flamante presidente de Coparmex; a Eduardo Barrio, al frente de Caprin, y otra docena de capitanes de empresa que acudieron prestos al llamado. Una estampa digna de enmarcar: el gallinero y el corral completito parlamentando con el poder.
La reunión, nos juran los enterados, fue un éxito tan rotundo que hasta en la cocina del evento se sintió la vibra. Cuentan los rumores de pasillo que al principio el menú del día era, cómo no, Cabrito; pero la negociación estuvo tan fina, tan llena de diplomacia y amabilidad, que para cuando sirvieron el postre, el platillo no solo convenció a los comensales, sino que terminó consolidándose como la mismísima "recomendación de la casa". Vaya digestión política la de nuestros empresarios.
Qué bárbaro, qué temple. Qué manera de sacrificarse por la patria chica. Se nota a leguas el sudor de la frente y el trabajo duro de Alan Falomir, quien —como siempre— sigue "luchando" incansablemente desde la trinchera, demostrando que en Chihuahua la política no solo se hace con ideas, sino con sazón, colmillo y una excelente mesa. Hay niveles.









































































