
Por Alessia Guerra
En política, como en los bailes de rancho, el que paga la música escoge la pareja... y al que no le gusta, pues que se siente a ver.
Los suspirantes panistas ya parecen engrudo del que hacían en la primaria: entre más lo menean, más bolas se hace. Y nomás no hay quien lo desenrede.
A Marco Bonilla le preguntaron si los dados estaban cargados para Santiago de la Peña. El alcalde respondió con un elegante "¡nanais!". Pero dicen los que cobran por saber y los que saben sin cobrar, que cuando el río suena no siempre lleva agua... a veces trae operadores políticos.
Porque una cosa es negar frente a los micrófonos y otra muy distinta es lo que se acomoda en la Casa de la Cantera, donde, según cuentan los que se pasean por esos pasillos, los dados no nomás están cargados... ya hasta les limaron las esquinas para que siempre caigan del mismo lado.
Y si alguien tenía dudas, comenzaron a desfilar los grupos de panistas acompañando al secretario general de Gobierno. Casi casi faltó que le pusieran camiseta azul, credencial de militante y una estampita de Gómez Morín en la cartera.
Lo curioso no son los acompañantes...
Lo divertido es quién va abriendo la marcha.
Ahí aparece Rocío Reza, encabezando la comitiva como si toda la vida hubiera estado en ese equipo. En política la memoria es más corta que una quincena y la dignidad dura exactamente lo que tarda en llegar la siguiente invitación.
Porque aquí aplica aquel viejo dicho muy chihuahuense: "el que paga la carne escoge el corte."
Y la chuleta... esa no distingue colores.
Ahora resulta que quieren convencer al panismo de que Santiago ya no es aquel priista que les repartía leña cuando el Revolucionario Institucional todavía se sentía invencible. Hoy nos dicen que su corazón late azul. Que olviden los agravios. Que aquí no pasó nada.
Nomás falta que digan que siempre fue panista infiltrado.
Y como dice la raza: "el papel aguanta todo... y la militancia, quién sabe."
Mientras el PAN anda pegando con engrudo lo que se le está despegando, del otro lado ya huele a mole.
Andrea Chávez asegura que las encuestas la ponen arriba y remata con un confiado "vamos muy bien". También presume que sigue a López Obrador desde que tenía ocho años, cuando sus padres, maestros de profesión y grillos por vocación, la llevaban a los eventos del entonces eterno candidato.
Carta de presentación no le falta.
Lo que tampoco faltan son los comentarios de café.
Porque entre los manteles largos del Centro Histórico y las sobremesas donde se arregla el país con un americano y un cigarro ajeno, los duartistas traen una sola oración: "Señor, danos a Cruz Pérez Cuéllar como candidato y prometemos no volver a pecar... bueno, al menos no esta semana."
No es precisamente amor.
Es cálculo político.
Porque sienten que con Cruz habría más cobijo que con Andrea, que trae su propia agenda y no precisamente espacio para cargar costales ajenos.
Así que la ecuación que venden algunos ya está hecha: Cruz gobernador, Bonilla termina tranquilo, Santiago recoge la estafeta en la capital y todos felices.
Bueno...
Todos menos los otros ocho o diez panistas que también se sienten tocados por el Espíritu Santo de la candidatura.
Porque en el PAN ya hay más tiradores que puestos.
Y como dicen en el rancho: "cuando ven la vaca echada, todos creen que es de ellos."
De Santiago también dicen que es más político de oficina que de colonia; más de aire acondicionado que de banquetas; más de Excel que de lonche con frijoles bajo una carpa.
No es crítica...
Es fama.
Y las famas, buenas o malas, cuestan años construirlas y cinco minutos confirmarlas.
Mientras tanto, los duartistas hablan como si ya hubieran visto el tráiler de la película completa. Parece que fueron a Catemaco, les leyeron el tarot, les soplaron el copal y hasta les pasaron el spoiler del 2027.
Según ellos, la gubernatura ya tiene dueño.
La Presidencia Municipal también.
Y hasta los regidores, si los dejan.
Nomás se les olvida un pequeño detalle.
En política, el muerto que más asusta es el que todavía no se cae.
Porque una encuesta hoy sirve para envolver tamales mañana.
Porque el aplauso prestado se cobra con intereses.
Porque el que hoy jura lealtad, mañana amanece tomándose la foto con el adversario.
Y porque el famoso "dedazo" ya no siempre apunta donde quiere el dedo... luego resulta que la mano tiembla.
En Radio Pasillo de Gobierno ya hasta repartieron el pastel. Que Cruz será gobernador. Que Santiago será alcalde. Que Bonilla entregará la estafeta. Que todo está planchado.
El único problema es que las elecciones todavía no empiezan.
Y la política tiene la fea costumbre de burlarse de los que cantan victoria antes de tiempo.
Porque aquí, en Chihuahua, todos presumen tener la bendición del jefe.
Hasta que el jefe cambia de opinión.
Y entonces, como dice el viejo refrán de la grilla:
"El que ya se sentía en la silla, termina cargando las sillas."



