
Por Alessia Guerra
Hay un arte milenario en la administración pública que muy pocos dominan: el de estar registrado en la nómina, pero completamente ausente de la realidad. Santiago de la Peña lo ha elevado a categoría de bellas artes. Nuestro flamante Secretario General de Gobierno posee el superpoder de la invisibilidad política; carece del más mínimo atisbo de liderazgo y ostenta una iniciativa tan nula que, para que tome una decisión, primero hay que redactársela, aprobársela y empujarlo hacia la puerta. Para él, gobernar no es conducir el estado, sino esperar pacientemente a que alguien más le solucione la existencia mientras él busca un buen rincón donde no le dé el aire.
La prueba de fuego de su valentía institucional quedó grabada para la comedia local el día en que la FGR fue a notificar a la gobernadora. ¿Dónde estaba la máxima figura de la gobernabilidad del estado? Exactamente como Quico corriendo a buscar a Doña Florinda para que le resuelva el pleito con Don Ramón: acobardado, escondido atrás de los demás, estirando el cuello por encima del hombro ajeno para ver si ya pasó el peligro y rogándole al cielo no salir en la foto. Ante la mínima sombra de problema, el señor Secretario apela a su mejor estrategia de protección civil: ponerse a temblar, hacerse chiquito y buscar una faldilla política de la cual agarrarse.
Porque esa es la verdadera naturaleza del "Go": insípido, temeroso y con una valentía que misteriosamente solo despierta cuando hay una pantalla de por medio. Frente a la realidad y en el cara a cara es un espectro sin el menor temple ni agallas; pero eso sí, dale un teléfono con internet y se transforma en un implacable guerrero digital.
Es fascinante ver cómo le sale lo bravo para redactar tuits venenosos contra el PAN desde la comodidad de su trinchera de cristal, aunque todos en el estado sepan que, en persona, le falta todo lo que presume en redes sociales.
En el estricto balance de la política estatal, el Secretario General ha logrado una hazaña matemática difícil de igualar: consolidar el perfil del "triple cero". Cero liderazgo para conducir la política interna, cero carisma para conectar con la gente y absolutamente cero votos propios en el morral.
Santiago de la Peña demuestra a diario que para ocupar el segundo cargo más importante del gobierno no se necesita carácter, carácter ni iniciativa... basta con tener el celular cargado y saber salir corriendo a acusar en cuanto las cosas se ponen serias.



