
Por Alessia Guerra
Ah, qué delicia. Se está cociendo el atole sobre el Poniente 5 y el olor ya llega hasta el Congreso. El alcalde Marco Bonilla, con esa sonrisa de quien acaba de oír el tintineo de la caja registradora, pide a gritos que los diputados de Morena dejen de hacer política y se pongan “del lado de las familias”. Qué generoso. Como si las familias fueran las que van a cobrar la plusvalía de los fraccionamientos que apenas tienen una salida y que, por arte de magia municipal, ahora sí merecen una vialidad de 21 kilómetros financiada con deuda pública.
Resulta que el proyecto, según el edil, apenas representa el 0.42 % de los ingresos municipales. Un porcentaje tan diminuto que casi da vergüenza mencionarlo… hasta que uno recuerda que ese “casi nada” servirá para elevar el valor de predios de desarrolladores que, curiosamente, ya saturaron la zona de casas sin vialidades dignas. Primero se construyen las residencias, luego se satura el tráfico y, al final, el Ayuntamiento llega como el héroe que salva a “miles de familias”… y de paso les sube el predial a los nuevos vecinos pudientes. Magia pura.
Bonilla asegura que los fraccionadores aportarán “casi una cuarta parte” del costo con las laterales. Qué generosos. Después de haber loteado sin salidas suficientes, ahora sí se ofrecen a poner un par de calles laterales. ¿Será que el resto del pastel (el trazo principal, los puentes, el financiamiento) lo pagamos entre todos para que ellos cobren la plusvalía? Qué coincidencia que el proyecto se haya gestado desde la época de Javier Garfio y ahora, con más fraccionamientos en marcha, se vuelva “estratégico e impostergable”.
El alcalde se queja de que Morena le mandó un cuestionario en lugar de recibirlo con mariachi. Respondió todo el 6 de julio, dice, con estudios y dictámenes. Qué transparencia tan conmovedora. Ahora solo falta que el Congreso autorice la deuda para que él pueda ir a pedir permisos a Semarnat, Conagua y Hacienda. Es decir: denme primero el cheque en blanco y después vemos si el medio ambiente y el agua están de acuerdo. Clásico orden de prioridades chihuahuense.
Y ojo con el argumento estrella: la obra retirará 4 mil viajes diarios del Periférico (un 15 %), bajará carga en La Cantera y Valle Escondido. Maravilloso. Solo omiten mencionar que esos viajes se moverán precisamente hacia la zona donde ya se construyó al revés: residencias primero, vialidades después. Pero tranquilos, que los créditos se liquidarán antes de 2027. Confíen. Como confían los ciudadanos cada vez que les prometen que “esta vez sí” la deuda es pequeña y los beneficios, enormes… para todos, por supuesto.
Al final,
Bonilla pide que se deje de lado la política y se piense en Chihuahua. Qué noble. Como si autorizar deuda para una vialidad que beneficia de forma desproporcionada a fraccionadores y a una zona de plusvalía creciente no fuera, precisamente, la política más concreta que existe.
Así que adelante, diputados. Aprueben. Que se cocine el atole. Que suba la plusvalía. Que los desarrolladores pongan sus laterales (cuando les convenga). Y que las familias sigan atrapadas en el tráfico… mientras el alcalde les explica, con total transparencia, que todo es por su bien.
Porque en Chihuahua, al parecer, primero se satura el territorio y después se inventa la movilidad. Y si alguien se queja, es porque no entiende de “criterios técnicos”.



