
Por Alessia Guerra
Dicen las malas lenguas —esas que rara vez se equivocan y que siempre tienen otros datos— que las piezas del dominó de la llamada Cuarta Transformación se están moviendo a una velocidad que ya provocó sudores fríos en las alturas. En plena efervescencia y con el calendario electoral encima, el fantasma de la "narcopolítica" y los dardos envenenados que lanzan los vecinos del norte tienen a más de uno con el Jesús en la boca. A la presidenta Claudia Sheinbaum le están lloviendo misiles desde Washington, y el piso, que juraban que era de concreto hidráulico, se les está empezando a tambalear.
El campanazo mayor llegó desde las oficinas del Tío Sam, donde no se andan con abrazos. El rumor de pasillo se convirtió en cruda realidad: al senador, exgobernador de Tabasco y exsecretario de Gobernación, y muchos puestos más, Adán Augusto López, ya le retiraron el plástico para cruzar la frontera.
En el argot de las cañerías del poder, al tabasqueño ya lo bautizaron como el "fusible", porque la carga está tan pesada que en cualquier momento va a tronar para salvar la instalación. Y ojo, que los metidos en estas argucias juran y perjuran que el hombre ya anda buscando cómo "brincar el charco" para conseguir protección en Estados Unidos antes de que el barco se hunda. Las cosas en el edén se pusieron color de hormiga; las amenazas continúan y el amor político se evaporó: en Palenque las puertas de "La Chingada" se cerraron a piedra y lodo, y a Adán Augusto lo dejaron afuera, en el frío, demostrando que en la política los hermanos se convierten en incómodos hermanastros en un abrir y cerrar de ojos, eso dicen los sabiondos.
Pero a ver, pongamos las cartas sobre la mesa y hablemos sin tapujos: ¿por qué en Estados Unidos les quitan la visa a los políticos de este calibre? "Para que no vayan a Disney" o "para que no hagan el shopping en El Paso, Texas", dirían los ingenuos que todavía creen en la pureza partidista. ¡Por favor! En la realpolitik, retirar el plástico es el equivalente diplomático a ponerle a alguien un letrero de persona non grata en la frente; una señal clara de que el Departamento de Justicia le trae hambre al perro y lo está investigando. Si el Tío Sam termina de desbaratar el tinglado de la narcopolítica en México, la onda expansiva va a provocar un terremoto electoral. Y ahí sí, agárrense, porque ni la consentida Andrea Chávez ni el mismísimo Cruz Pérez Cuéllar la van a librar.
El golpe en el tablero de Chihuahua es seco y directo, justo en la línea de flotación de los dos aspirantes al trono estatal. Adán Augusto, un político que hasta hace poco se sentía intocable y manejaba los hilos del partido, fue el padrino que le dio públicamente todo su cobijo, bendición y apoyo a Andrea Chávez para inflar su figura. Hoy, con el padrino tambaleándose y convertido en paria internacional, el mensaje que mandan desde el búnker de Tabasco es lapidario: "a los sapos que brinquen al otro lado, les van a cortar las piernas en la política nacional". El que avisa no es traidor. Mientras la ex senadora ve cómo se le desmorona el pilar que la sostenía, las malas lenguas aseguran que la fila de "cuatroteístas" poderosos en Washington es más larga que la de las pensiones; todos formados en ventanilla, listos para "cantar" y salvar su propio pellejo.
La encrucijada para Morena es total y el nerviosismo en la frontera es total. Mover a Adán Augusto del tablero no es cualquier cosa: es sacudir los cimientos del mismísimo gobierno federal. Si la sola sospecha de que también le rasparon la visa al alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, ya traía a los puros de la 4T con el estómago revuelto, el derrumbe del "fusible" mayor amenaza con descarrilar todo el movimiento en el estado grande. Morena está en un callejón donde tendrá que decidir si se pone del lado correcto o se hunde con sus santos. La última ficha del dominó está en el aire y la moneda sigue girando. Veremos de qué lado cae y quiénes terminan pagando los platos rotos de una fiesta que, claramente, ya se les salió de las manos.



