
POR ALESSIA GUERRA
La fiebre de la selfie institucional y el aplauso fácil tiene un nuevo epicentro: el salón de eventos Lago Di Como. Resulta que el recinto se ha convertido en el termómetro oficial para medir la "fuerza de convocatoria" —o mejor dicho, de convocados a la fuerza— de los aspirantes a la alcaldía. El primero en pasar lista fue el ex fiscal César Jáuregui, y ahora le tocó el turno de lucirse a Santiago de la Peña.
Dicen los que saben que, para no dejar el salón a medias, se activó la viejísima pero confiable operación de la "invitación obligada... o ya verán". El tiro de gracia va directo a la estructura judicial: el rumor ruge fuerte en los pasillos de que cada uno de los y las Magistradas, jueces , que resultaron bendecidos en su momento por el famoso "acordeón de Santiago", hoy tienen que pagar la factura. La cuota no es barata: cada juzgador debe llevar invitados, y cada invitado, a su vez, tiene que arrastrar a diez más. Así, con aritmética de pirámide de la abundancia, pero versión judicial.
"Aquí ya se creyeron que fuimos elegidos por el voto popular", mascullaba un juez visiblemente molesto . "Ahora resulta que tenemos que pagar el favor con carne de cañón para la foto". ¡Vaya devaluación del Poder Judicial! Se nota que Santiago se quedó muy acostumbrado a la "borregada" del PRI en sus años dorados. El ADN tricolor no se quita ni con agua bendita (ni con credencial del PAN). Cuentan las lenguas bífidas de la burocracia que el aspirante no solo se apersonó en el Tribunal de Justicia a cobrar facturas y exigir acarreo; también se dio una vuelta —con la canasta de pedir favores en la mano— por la Secretaría de Salud, la Secretaría de Pueblos y Comunidades Indígenas, por la Secretaría de Salud por Educación, entre otras dependencias hermanas.
El de la barba de candado pero con el corazón y el alma más priistas que el mismísimo Plutarco, hoy goza de un privilegio envidiable: tiene a su disposición toda la maquinaria del gobierno y, por supuesto, la bendición de su jefa para escenificar una fuerza tan ficticia como su repentina conversión al panismo.
Así las cosas con el candidato del momento; el que sube como la espuma... ipso facto. Habrá que ver si tanta espuma aguanta el calor de las encuestas o si se desarma al primer alfilerazo de la realidad… Al tiempo.



