
Por Alessia Guerra
Resulta y resalta que a la dirigente estatal de Morena, Brighite Granados, le dio por aplicar la de “haz lo que digo, pero no lo que hago”. Resulta que la campeona de la austeridad republicana y ferviente defensora del discurso anti-yanqui se quedó sin visa para cruzar al "gabacho". ¿El motivo oficial según su cuento de hadas? Una humilde multa de tránsito de hace diez años. ¡Por favor! Que alguien le avise que las matemáticas no cuadran y que la inteligencia del pueblo —ese que tanto mientan— no es de adorno.
Cualquiera que tenga dos dedos de frente y haya hecho fila en el puente internacional sabe que las visas de turista tienen vigencia de diez años. Si la infracción fue hace una década, ¿cómo es que la renovó? ¿O a poco los agentes de la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) guardaron el secretito diez años nomás para hacerle el berrinche ahorita? A otro perro con ese hueso. En el lenguaje diplomático de nuestros vecinos del norte, cuando te retiran la visa de tajo en la garita, no es por un exceso de velocidad; suele ser una sutil "advertencia" porque andan rascándole a una investigación. Pero bueno, veremos dijo el ciego, a ver con qué otra joya sale a relucir la verdad detrás de esta mentira.
Lo verdaderamente cómico es la hipocresía desmenuzada. EstaChecked-in en el barco guinda nos quiere vender la idea de que ellos no van a la fayuca, ni a los bufetes, ni a los restaurantes "fifís". Pero la cabra siempre tira al monte. No hay que olvidar que Brighite viene de la vieja escuela tricolor; cambió el chaleco del PRI por el de Morena, pero los gustos selectivos y el amor por el capitalismo no se quitan con un baño de pureza ideológica.
Y es que en Morena eso de ser "comunistas" es pura pose de dientes para fuera. A la hora de gastar, de viajar y de consumir, salen más "azules" y selectivos que los propios panistas. Para muestras, un botón... o mejor dicho, una dinastía. Ahí tienen al travieso de Andy y a sus hermanos, unos auténticos "pillines" que han desarrollado un estilo de vida que ya quisiera cualquier magnate de Wall Street: hoteles de súper lujo, ropa de marcas exclusivas que ni de chiste se consiguen en un tianguis, y viajes que no se pagan con el sueldo de un "servidor de la nación".
La joya de la corona del paladar refinado de la transformación se la lleva el más pequeño de los López. El muchacho salió tan sofisticado que la comida normal le sabe a pueblo; él prefiere filetes bañados en oro comestible en los restaurantes más exclusivos del planeta. ¡Vaya forma de combatir la desigualdad! Su cartera, rebosante de billetes verdes, demuestra que la máxima de este gobierno es muy clara: "Todos iguales de jodidos... menos nosotros".
No está mal tener dinero, viajar y darse la gran vida si te alcanza legítimamente. Lo que verdaderamente cae mal, lo que apesta a kilómetros de distancia, es esa doble moral. Esos baños de pueblo que se dan en los mítines, abrazando ancianos y prometiendo pobreza franciscana, para luego salir corriendo a gastarse los dólares en el imperio que tanto critican.
Brighite se la llevó de encuentro con su excusa barata. Al final del día, el cuento de la multa de tránsito se va a caer solo, dejando al descubierto lo que ya todos sabemos: que la 4T es muy de izquierda en el discurso, pero extremadamente de derecha a la hora de pasar la tarjeta o de gastar efectivo . ¡Buen provecho con el oro comestible, camaradas!



