
Por Alessia Guerra
Si usted pensaba que la política chihuahuense carecía de emociones fuertes, no ha estado poniendo atención a la gira de Cruz Pérez Cuéllar. El alcalde con licencia de Ciudad Juárez y aspirante a la candidatura de Morena a la gubernatura ha decidido llevar la definición de "adrenalina pura" a niveles literalmente peligrosos. Este domingo, en la Arena Tierra Vieja, el plato fuerte no fue su discurso ni la omnipresente propaganda política, sino el derribe de un novillo que terminó con un jinete lesionado en la arena.
Las imágenes difundidas en redes sociales expusieron una logística bastante peculiar. Mientras la publicidad del aspirante lucía impecable y perfectamente distribuida por todo el recinto, los protocolos básicos de seguridad y la atención médica de emergencia brillaron por su ausencia en el lugar. Horas más tarde, el organizador del evento y también aspirante morenista, Héctor Ochoa, salió apresuradamente a declarar ante medios que el jinete se encontraba bien de salud. Sin embargo, resulta difícil creer que un simple comunicado desmarque la falta de previsión y el riesgo al que se expuso a los asistentes.
El episodio deja reflexiones inquietantes sobre la capacidad de gestión de quienes buscan gobernar el estado. Resulta alarmante que exista presupuesto y coordinación de sobra para tapizar un inmueble con imagen institucional, pero no para garantizar los requisitos mínimos de protección civil. ¿Realmente asumen que un "está estable" exime de la responsabilidad administrativa y legal por aventarse un evento sin las garantías reglamentarias? Si este es el nivel de previsión y control de riesgos que manejan en un evento de pre-precampaña, cuesta trabajo no sentir un escalofrío al imaginar cómo se pretenden gestionar las emergencias de toda una entidad.
Organizar un evento masivo desafiando las medidas de seguridad no es solo una muestra de desorganización, sino una irresponsabilidad grave.
Por el bien de los chihuahuenses y por el respeto al marco legal, este incidente no debe quedar en un "no pasó a mayores" ni borrarse con boletines aclaratorios; debe haber consecuencias legales claras tanto para el recinto como para los promoventes.
La administración pública no es un espectáculo de jaripeo donde se improvisa sobre la marcha mientras los de abajo asumen los golpes.
Si la propuesta para dirigir Chihuahua empieza dejando a los suyos tirados en la arena sin asistencia inmediata, el futuro no pinta como un rodeo festivo, sino como una verdadera caída libre.



