
Por Alessia Guerra
De pasillo en pasillo, de raquetazo en raquetazo y de encuesta en encuesta, así anda la política chihuahuense rumbo a 2027. Y esta vez el invitado especial fue nada menos que “Alito” Moreno, quien llegó a la capital del estado grande con raqueta de pádel en mano, pero con la calculadora política mucho más afilada.
Porque dicen los que saben que el dirigente nacional del PRI no vino solamente a sudar la camiseta —o el short—. Vino a mandar señales. Y una de ellas fue bastante clara: el PRI quiere jugar en la cancha de 2027 y ya puso sobre la mesa el nombre de Marco Bonilla.
¡Ah, caray!
Mientras en el PAN todavía se escucha aquello de que “vamos solos”, “Alito” parece estar haciendo la cuenta contraria: solos, quizá no alcanza; juntos, quién sabe.
Y ahí está el detalle.
Porque una cosa es presumir independencia política en conferencia de prensa y otra muy distinta es sentarse frente a las encuestas y descubrir que Morena no está precisamente dormido. El mapa electoral empieza a ponerse interesante y, de pronto, aquellos que antes no querían ni compartir la banca comienzan a descubrir las bondades del trabajo en equipo.
¡Quién lo hubiera imaginado!
El PRI, ese partido al que algunos ya querían mandar al museo de la política mexicana, ahora podría convertirse en pieza necesaria para una eventual alianza opositora.
No porque haya recuperado mágicamente sus mejores tiempos —tampoco exageremos—, sino porque conserva algo que en política vale oro: estructura territorial, operadores y experiencia para mover votos.
Y “Alito” lo sabe.
Por eso llegó presumiendo la receta de Coahuila. Según el dirigente tricolor, juntar a la oposición, trabajar territorio y movilizar al electorado puede producir resultados. La fórmula parece sencilla.
Lo complicado será convencer a todos de quién va a llevar el volante.
Porque ahí es donde la cosa se pone sabrosa.
El PAN tiene gobierno. El PRI quiere candidatura. Morena quiere quedarse con el estado. Y en medio de todo eso están los ciudadanos, que seguramente observan el espectáculo preguntándose:
“¿Y nosotros qué ganamos?”
Pero mientras llega esa respuesta, el PRI ya sacó la artillería electoral.
Nada menos que 1,380 defensores del voto.
Mil trescientos ochenta.
¡Eso ya no parece estructura partidista, parece formación militar!
Nomás faltó que “Alito” gritara: “¡Firmes! ¡A la casilla!”
La tarea de este ejército tricolor será cuidar votos, movilizar ciudadanos y trabajar tierra. Porque en las elecciones modernas ya no basta con tener candidato, logo bonito y fotografías para redes sociales.
Hay que conseguir votos.
Y los votos, por desgracia para los políticos de escritorio, todavía se consiguen hablando con la gente.
Por eso también llamó la atención el discurso de Moreno Cárdenas sobre crimen organizado, huachicol, riesgos electorales y hasta ejemplos internacionales sobre la pérdida de registros partidistas.
El mensaje fue de advertencia y disciplina.
Traducido al lenguaje de pasillo:
“Muchachos, pónganse a trabajar porque esto apenas comienza.”
Y mientras los priistas afinan estructura, en el PAN seguramente alguien ya está haciendo otra cuenta.
Porque quizá la pregunta ya no sea si necesitan al PRI.
La pregunta incómoda podría ser:
¿Cuánto necesitan al PRI?
Ahí está el verdadero partido.
Porque si finalmente hay alianza, vendrán las negociaciones, las posiciones, las candidaturas, las cuotas y, por supuesto, la vieja tradición mexicana de descubrir que todos quieren unidad… siempre y cuando ellos pongan al candidato.
Y si no hay alianza, pues tampoco pasa nada.
Cada quien toma su raqueta, se mete a su cancha y a jugar.
El problema es que del otro lado está Morena, que seguramente estará encantado de ver a la oposición dividirse el marcador.
Así que, por los pasillos políticos de Chihuahua, ya se escucha el ruido de la reta.
Alito saca.
El PAN responde.
Morena espera.
Y Marco Bonilla, mientras tanto, ya recibió el visto bueno priista.
Ahora falta saber si también recibe el visto bueno panista.
Porque en política, como en el pádel, una cosa es tener la pelota y otra muy distinta saber dónde colocarla.
Y rumbo a 2027, más de uno ya está sudando antes de que empiece oficialmente el partido.
La cancha está puesta. Las raquetas también.
Ahora falta ver quién termina pagando la renta.



