
Por Alessia Guerra
Dicen en la sierra que «para saber cocinar, primero hay que aprender a tragar humo», y vaya que en la cúpula de Morena están respirando puras cenizas con la boca abierta y cara de satisfacción. Según las mentes brillantes de la dirigencia, los enroques para ungir al coordinador estatal en Chihuahua salieron de chuparse los dedos. Tanto así, que juran y perjuran que la famosa «operación cicatriz» no es más que un capricho innecesario, porque aquí —según su versión— ni dolor hubo, solo amor al proyecto.
Pero como decía el abuelo: «no por mucho madrugar amanece más temprano», y ese cuento de la armonía perfecta nomás se lo están tragando ellos mismos. El tiempo, que no perdona ni olvida, ya sacó la cuenta y se la va a cobrar con todo e intereses. Mientas en la dirigencia celebran su propia jugada, en las redes sociales la cosa no es de risa; se desató un tsunami que ni con diques van a parar. Resulta que anda circulando, a todo lo que da, una campaña sumamente articulada que promueve, sin empacho alguno, el voto cruzado. El mensaje es claro y sin anestesia: hacerle un vacío monumental a Cruz Pérez Cuéllar.
Es que a los altos mandos se les olvidó un pequeñísimo detalle: Andrea Chávez no andaba de vacaciones. Dejó simpatizantes regados por cada rincón del estado, y hay que recalcarlo con letras de molde: no son cuatro gatos. La senadora le dio más de dos vueltas completitas a la entidad y sembró tierra fértil para un resentimiento que hoy germina a pasos agigantados. Cada día que pasa, el llamado a castigar en la urna suma más adeptos, bajo una premisa que roza el surrealismo político local: apoyar a Marco Bonilla para la grande de la capital y volcarse con Andrea en Ciudad Juárez. Un menjurje electoral que solo el despecho y la política norteña pueden aderezar.
Así están las barajas en el tablero. Habrá que sentarse a esperar si el berrinche de los andreístas se enfría con el pasar de las semanas o si, por el contrario, esta chispa termina de prender la pradera completa. Por lo pronto, el fuego amigo ya comenzó a humear y en la dirigencia siguen festejando sin darse cuenta de que, al que escupe para arriba, la saliva le cae en la cara.



