
Italia.- El fútbol italiano enfrenta una de sus crisis más graves tras la apertura de una investigación penal contra Gianluca Rocchi, jefe de árbitros de la Serie A y Serie B, acusado de presunto fraude deportivo. Rocchi, junto al supervisor del VAR Andrea Gervasoni, es señalado por influir ilegalmente en las decisiones arbitrales y alterar la selección de jueces, lo que ha provocado su destitución inmediata a la espera de un juicio en Milán.
La fiscalía se centra en presuntas irregularidades cometidas durante la actual temporada 2024-25:
Intervención en el VAR: Se acusa a Rocchi de interferir en el protocolo durante el partido Udinese vs. Parma (1 de marzo de 2025). Reportes indican que golpeó la ventana de la cabina del VAR para exigir una revisión de penal.
Favoritismo en designaciones: Se examina si Rocchi cambió al árbitro de un partido del Inter de Milán por uno "más favorable" al club. Cabe destacar que el Inter no ha sido implicado formalmente en el proceso.
Antecedentes: Aunque la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) cerró una investigación interna en julio pasado, la justicia penal ha reabierto el caso tras hallar nuevas evidencias.
El presidente de la Serie A, Ezio Simonelli, defendió la necesidad de transparencia, aunque pidió cautela para no dañar la credibilidad del campeonato:
Garantía de igualdad: Simonelli afirmó que el sistema debe asegurar el trato equitativo, pero subrayó que una denuncia no debe poner en duda el funcionamiento de toda la liga.
Consecuencias: "Si alguien cometió un error, será justo que pague", sentenció el directivo en un comunicado oficial.
Reapertura del caso deportivo: El fiscal de la FIGC, Giuseppe Chiné, confirmó que está en contacto con la fiscalía de Milán para reconsiderar sanciones deportivas si se confirman los delitos.
Este escándalo arbitral surge en el peor escenario posible para el deporte italiano. A principios de este mes, la selección nacional masculina fracasó por tercera vez consecutiva en su intento de clasificar al Mundial, lo que derivó en las dimisiones del presidente de la FIGC, Gabriele Gravina, y del director técnico, Gennaro Gattuso. La combinación de fracaso deportivo y corrupción administrativa deja al fútbol italiano en un estado de acefalía y desprestigio internacional.



