
Washington / Bagdad — Estados Unidos ha iniciado formalmente la retirada de sus tropas de Irak tras más de dos décadas de presencia militar, marcando el fin de una era geopolítica clave y abriendo una etapa de profunda incertidumbre sobre el equilibrio de poder en Oriente Medio.
La decisión consolida un acuerdo bilateral suscrito con el gobierno iraquí para poner fin a la misión de la coalición internacional. La salida de las fuerzas estadounidenses deja a las instituciones locales al frente de la seguridad nacional en medio de crecientes tensiones regionales.
Analistas internacionales advierten que la partida de las tropas deja al país árabe expuesto a la influencia de actores regionales contrapuestos y al riesgo de un resurgimiento de grupos extremistas. La capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes para mantener la estabilidad interna será puesta a prueba de inmediato.
Durante más de 20 años, la intervención iniciada en 2003 transformó radicalmente la estructura política de Irak, dejando un saldo de cientos de miles de vidas perdidas y un costo billonario. A pesar de los esfuerzos por consolidar la democracia, el país aún enfrenta serios desafíos de gobernabilidad, corrupción y reconstrucción de infraestructura.
Con este repliegue estratégico, Washington busca reorientar sus recursos y prioridades hacia otros frentes globales. Sin embargo, observadores destacan que la estela de inestabilidad y la vulnerabilidad de las fronteras iraquíes continuarán siendo una preocupación prioritaria para la agenda internacional.









































































