
El secretario de Organización participó en la renovación de la dirigencia nacional, mientras la atención se centró en la ausencia de Rocha Moya y la nueva mesa directiva.
CIUDAD DE MÉXICO. — En el marco del Congreso Nacional Extraordinario de Morena para renovar la dirigencia del partido, la presencia de Andrés Manuel López Beltrán generó atención mediática al ser ubicado fuera del presídium principal. A pesar de su cargo como secretario de Organización, el hijo del expresidente no formó parte de la mesa de honor que encabezaron figuras clave del movimiento.
El evento, que tiene como objetivo central definir el rumbo del partido tras la salida de sus fundadores históricos, fue liderado por Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional, junto a la dirigencia entrante conformada por Luisa María Alcalde y Citlalli Hernández.
Dinámica del evento y ausencias notables
La ubicación de López Beltrán entre los asistentes, y no en la zona de oradores, marcó un matiz relevante en la logística del cónclave. Esta reaparición ocurre en un contexto de alta sensibilidad política para el partido, debido a las recientes controversias que rodean a figuras de la organización en el norte del país.
Particularmente, el congreso se desarrolla bajo la sombra de las acusaciones vinculadas al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. La ausencia de este último y la discreta posición de otros liderazgos han sido interpretadas por analistas como un intento de la nueva dirigencia por mantener el foco en la transición institucional.
Rumbo a la nueva dirigencia
El Congreso Nacional de Morena busca consolidar la estructura interna para los próximos procesos electorales. Con la ratificación de Alcalde en la presidencia y Hernández en la secretaría general, el partido busca enviar un mensaje de unidad y renovación, manteniendo a cuadros operativos como López Beltrán en funciones estratégicas de organización territorial, aunque sin el protagonismo visual de la mesa principal.



