
Por Alessia Guerra
Qué bonita es la hipocresía legislativa cuando se viste de gala. Resulta que en el Congreso del Estado de Chihuahua les ha nacido un amor repentino, ferviente y casi conyugal por la equidad de género.
La bancada del PAN, en un ataque de iluminación democrática, ha diseñado una reforma electoral tan "perfecta" que, según ellos, busca hacerle justicia a las mujeres en el servicio público. Qué tiernos.
Lástima que el truco de magia sea tan burdo que hasta la dirigencia nacional de Morena, con Ariadna Montiel a la cabeza, les descifró la jugada antes de que terminaran de barajar las cartas.
Hay que reconocerles el talento dramático: usar una causa tan noble como la inclusión de género para confeccionar un chaleco de fuerza con dedicatoria especial.
Porque no nos engañemos, el dictamen que se cocina en las comisiones del Congreso local no busca empoderar; busca contener.
Es una reforma con retrovisor y bola de cristal, diseñada no para el avance democrático de Chihuahua, sino para meterle el pie de forma anticipada a quien mueva los números rumbo a la gubernatura en 2027.









































































