
Por Alessia Guerra
¡Agárrense, porque esta semana el zoológico político de Chihuahua estuvo bueno. Hubo tortugas, paseos familiares, visas gringas, aspiraciones electorales y hasta posibles escondites bajo el caparazón del fuero. Todo muy institucional, muy serio y, faltaba más, perfectamente sincronizado.
Dicen que “en política no hay casualidades”, y esta vez la frase parece venir con sello, firma y copia para el archivo.
Mientras en los corrillos políticos corría como pólvora la versión de que a Andrea Chávez le habrían cancelado la visa estadounidense, la senadora con licencia apareció muy campante compartiendo estampas familiares: su pequeño Emiliano, un peluchito de tortuga que le despertó recuerdos de hace tres décadas y un paseo por la flora y fauna en El Paso, Texas.
Nada como una buena fotografía familiar para recordar que la vida es bella... especialmente cuando afuera hay una tormenta política.
Porque “cuando el río suena, agua lleva”, y este río llevaba tanto ruido que hasta las tortugas parecían enterarse.
Pero Maru Campos tampoco desaprovechó la oportunidad. La gobernadora salió a decir aquello de “cada quien es responsable de sus actos”, acompañándolo con una buena dosis de crítica hacia quienes, según ella, se dedican a “simular y gritar”.
Hasta ahí, todo muy presidencial.
El detalle fue que Andrea decidió contestar con una cucharada de la misma medicina. Y como dice el pueblo sabio, “el que se lleva, se aguanta”.
La morenista le puso sobre la mesa a Maru aquella vieja promesa de retirarse a descansar una vez terminada su gubernatura. Aquella frase que sonaba a despedida, a retiro dorado, a “ya hice mi parte y ahora me voy tranquilamente a disfrutar la vida”.
Parece que el descanso político duró menos que un aplauso en sesión legislativa, porque ahora la mandataria estaría contemplando brincar hacia una diputación federal.
Hay quienes descubren su vocación de servicio desde jóvenes. Otros la descubren justo cuando se acerca el momento de abandonar el cargo.
Y ahí vino la pregunta que seguramente hizo sudar a más de uno en Acción Nacional:
¿La diputación es por vocación o también podría representar una especie de blindaje político?
Aclaremos: preguntar no es acusar. Pero en política mexicana las preguntas incómodas suelen tener más kilometraje que las respuestas.
Y si además circulan versiones sobre investigaciones o citatorios, pues el sospechosismo se sirve solo.
“Piensa mal y acertarás”, dice el refrán.
Aunque también podría ocurrir lo contrario: que Maru simplemente quiera seguir sirviendo desde San Lázaro y que todo lo demás sea puro veneno de adversarios.
¡Quién sabe!
Lo que sí queda claro es que en este pleito nadie está dispuesto a poner la otra mejilla.
Una habla de visas.
La otra responde con promesas de retiro.
Una señala responsabilidades.
La otra pregunta por el fuero.
Y mientras tanto, el respetable público contempla el espectáculo con palomitas en mano.
Porque esto ya no parece una pelea política: parece competencia para ver quién logra esconder primero la mano después de lanzar la piedra.
Y aquí viene lo mejor.
Andrea presume paseo familiar con tortugas.
Maru analiza una posible candidatura.
Los panistas hacen cuentas.
Los morenistas hacen cuentas.
Y los ciudadanos... bueno, los ciudadanos …
Así que habrá que esperar para descubrir si la diputación es realmente una nueva etapa de servicio público o simplemente un cómodo caparazón político.
Porque, como dice otro clásico popular, “el que nada debe, nada teme”.
Aunque en Chihuahua, últimamente, algunos políticos parecen preferir tener tortuga, caparazón y hasta doble cerradura.
¡Y todavía falta que empiece oficialmente la temporada electoral!
Si así están calentando motores desde ahora, imagínense cuando arranque la verdadera carrera.



