
CIUDAD DE MÉXICO. — La sustitución de los billetes de baja denominación por monedas de metal en el sistema monetario mexicano respondió a una estrategia financiera del Banco de México (Banxico) para reducir costos de producción y optimizar la durabilidad del efectivo en circulación.
A partir de 1969, con la inauguración de su propia Fábrica de Billetes, el órgano central comenzó la emisión de piezas como el billete de 5 pesos —con la efigie de Josefa Ortiz de Domínguez— y el de 10 pesos —que incluyó personajes como Miguel Hidalgo y posteriormente a Emiliano Zapata en la década de los noventa.
La razón técnica principal para su retiro definitivo radicó en la diferencia de vida útil entre el papel moneda y el metal. Mientras que un billete de denominación baja registraba un desgaste acelerado que obligaba a reemplazarlo en un periodo promedio de seis meses, las monedas metálicas mantienen una durabilidad operativa cercana a los 15 años.
Asimismo, los periodos de alta inflación experimentados en las décadas de 1970 y 1990 aceleraron la pérdida de poder adquisitivo de estas piezas. Esto volvió ineficiente el gasto público destinado al continuo reemplazo e impresión de papel algodón para valores tan reducidos.
Actualmente, las series pertenecientes a la antigua familia AA han sido desmonetizadas, mientras que otras emisiones posteriores continúan en proceso de retiro gradual a través de las instituciones bancarias, consolidando el uso exclusivo de monedas para estas denominaciones en el país.









































































