
Ciudad de México.- El esperado encuentro entre las selecciones de México y Portugal marcó la reinauguración del Estadio Banorte, dejando un balance de contrastes. Mientras la calidad de la cancha y el espectáculo de luces rozaron la perfección, la logística de acceso y las restricciones de transporte generaron fricciones entre los asistentes y figuras públicas.
El césped: El gran protagonista
Lo más elogiado de la jornada fue, sin duda, el terreno de juego. Con una calificación de cinco estrellas, el rectángulo verde lució impecable gracias a un estricto protocolo de la FIFA, que asignó personal especializado para su cuidado desde diciembre pasado. Este nivel de mantenimiento permitió que el espectáculo deportivo se desarrollara sin contratiempos técnicos en la superficie.
Al inicio un joven fallecido
Se cayó del segundo piso de un balcón, murió al instante.
Ambiente de fiesta y espectáculo
El entorno del inmueble vibró con el color de la afición mexicana. Desde antes del silbatazo inicial, las caravanas de grupos de animación prepararon el terreno para lo que sería una noche eléctrica. Ya en el interior, el show de luces —especialmente durante el medio tiempo— cumplió con las expectativas de un evento de clase mundial, consolidando el ambiente como uno de los puntos más fuertes del evento.
Logística y transporte: La nota discordante
No todo fue celebración. La experiencia del aficionado se vio empañada por diversas fallas operativas:
• Acceso deficiente: Usuarios reportaron serias dificultades para encontrar y llegar a sus asientos.
• Fallas en pagos: El sistema de cobro con tarjetas de crédito presentó intermitencias, complicando el consumo interno.
• Visibilidad nula: Se detectaron zonas del estadio donde la estructura impedía ver la cancha por completo.
En cuanto al transporte, aunque el flujo se consideró aceptable pese a algunas manifestaciones en la zona, la polémica estalló por el incumplimiento de protocolos. Mientras a la afición se le restringió el acceso vehicular, el ahora diputado Cuauhtémoc Blanco ingresó al recinto en su automóvil particular, una contradicción que generó molestia entre los asistentes que enfrentaron retrasos.



