
Por Alessia Guerra
¡Ay, México lindo y querido! Tan lejos de la claridad y tan cerca del "segundo piso". Dicen los clásicos de la alta política de banqueta que para gobernar un país se necesita una brújula; sin embargo, en Palacio Nacional parece que prefieren usar el manual de procedimientos del partido.
La mandataria, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, ofreció en su discurso sobre su segundo año de gobierno me llamó la atención cómo se expresó sobre la soberanía nacional que dejó más dudas que certezas, confirmando una sospecha colectiva: es muy difícil estrenar la silla presidencial cuando no te quieres quitar la camiseta de la facción.
¿Soberanía económica o dependencia con otros datos?
Cuando se toca el sagrado tema de si México es independiente económicamente, la respuesta oficial siempre viene envuelta en papel de regalo tricolor. Pero seamos realistas: dependemos del vecino del norte para el 80% de nuestras exportaciones, las remesas son el principal tanque de oxígeno de millones de familias, y el Tratado de Libre Comercio es nuestro cordón umbilical.
Hablar de soberanía total mientras cruzamos los dedos para que en Washington no se levanten de malas, no es independencia; es equilibrismo financiero con red de seguridad desgastada.El peligroso juego del "Todo o Nada"
Lo verdaderamente preocupante del discurso oficial es la paleta de colores. Para la narrativa gubernamental, el espectro visible se reduce a dos opciones: el blanco absoluto de la pureza guinda o el negro azabache de la oposición.
Para los que piensan igual: Todo el amor, el presupuesto y los aplausos de la mañanera.
Para los que disienten: Ni el saludo, el vacío y el adjetivo de "adversarios".
Gobernar un país de más de 130 millones de personas requiere entender que México no es una asamblea de partido. Hay que decirle a la Presidenta, qué la campaña ya terminó (hace rato). El terreno se vuelve peligrosamente resbaladizo cuando las decisiones se toman con el hígado partidista y no con la mente fría de un Jefe de Estado. Esto no es una fiesta infantil donde se decide a quién darle dulces; se trata del futuro de una nación, no de agarrar al país de piñata.
De "Chapitos Cantores" y colas largas
Y como en la política mexicana el cinismo es el deporte nacional, resulta fascinante el silencio sepulcral que rodea a ciertos "paquetes con moño" que terminaron del otro lado de la frontera. En el Departamento de Justicia del Distrito Sur de Nueva York, los llamados Chapitos cantores ya sacaron el falsete de su ronco pecho y están afinando las notas más altas de su repertorio.
Ante este concierto de delación, surge la pregunta obligada: ¿Y la Fiscalía General de la República (FGR)? Bien, gracias, probablemente buscando en el diccionario el significado de "autonomía".
Mientras los de allá cantan, los de acá callan. Es curioso cómo el discurso de la soberanía se ablanda cuando los políticos locales —esos que parecen lagartos por aquello de la cola larga— tiemblan cada vez que se abre una corte en Nueva York. Al final, México sigue siendo un país generoso: perdonamos a los de casa, exportamos a los incómodos y nos quedamos con las ganas de ver justicia real en suelo patrio.
Al tiempo. Porque gobernar para una facción es fácil; el problema es que, cuando la piñata se rompe, los platos rotos los pagamos todos.



