
Por Alessia Guerra
¡Vaya, vaya! Parece que la Fiscalía General de la República (FGR) descubrió el hilo negro, pero a paso de tortuga renga. Ulises Lara sale a dar "avances" con esa parsimonia tan institucional que ya ni sorprende. Si el hombre necesita brújula, bien podría echarle una llamada a Ramón Alberto Garza de Código Magenta. El periodista ya armó el rompecabezas, le puso nombre al Judas de la Fiscalía estatal y hasta detalló, con santo y seña, cómo aterrizaron los cuatro agentes de la CIA en Chihuahua. Vamos, que en Código Magenta ya cerraron el caso mientras en las oficinas federales apenas están pidiendo la hora.
Pero claro, el verdadero deporte nacional de la FGR en el caso de El Pinal, allá en el municipio de Morelos, no es la velocidad, sino el "tiro al blanco"... y el blanco se llama Maru Campos. Los muchachos de la Procuraduría —perdón, de la Fiscalía, que de autónoma tiene lo que yo de astronauta— están obsesionados con que la gobernadora de Chihuahua vaya en persona. Huele a trampa caza-gobernadoras desde aquí a la Ciudad de México, una red texturizada minuciosamente para ver si la aguerrida Maru pisa el palito.
La última gran novedad del vocero Lara es un poema al papeleo: nos enteramos de que, a diferencia del fiscal general que sí se presentó, la mandataria estatal aplicó la de "te lo escribo por cartita". Mandó un bonito documento manifestando su muy respetable indisposición para ir a aportar datos. Ante esto, Lara se puso la capa de profesor de civismo y nos recordó las maravillas de la inmunidad procesal: “Sabemos que no la podemos tocar ni procesar penalmente, faltaba más... pero de eso a que no nos quiera chismear lo que sabe, hay una gran diferencia”, vino a decir en fino lenguaje burocrático.
Para rematar el show, la FGR notificó con bombo y platillo el fin de las maniobras técnicas en el complejo delictivo: que si el embalaje seguro, que si el traslado controlado, que si la destrucción de las sustancias químicas... todo muy limpio, muy técnico, muy de serie de televisión. Y para cerrar con broche de oro, el sello de la casa, la clásica directriz institucional: “Al margen de la ley, nada. Por encima de la ley, nadie”.
¿Una sutil amenaza o pura nostalgia por el "cabecita de algodón"? En este país, la ironía se escribe sola: nos recitan el estribillo del viejo pastor mientras el Judas sigue suelto, la tortuga sigue marchando y la trampa sigue abierta.



