
Por Alessia Guerra
¡Arrancan las hostilidades, señoras y señores! La carrera por la "Coordinación de la Defensa de la 4T" en Chihuahua se puso color de hormiga. En una esquina tenemos a la ex senadora Andrea Chávez Treviño, quien con todo y su avanzado embarazo anda gastando suela, tocando puertas y ensuciándose los zapatos con un entusiasmo que raya en el idealismo de la juventud. Muy pulcra en sus redes, anunciando su viaje a la Ciudad de México con la bendición de "su pueblo" —ese que mágicamente siempre da permiso en las encuestas—. Andrea se va de frente contra todo lo que no huela a la Cuarta Transformación, demostrando que para la política no hay incapacidad por maternidad que valga. Falta ver si el "sombrero del mago" de las encuestas internas (esa caja de Pandora que Morena usa para bendecir a sus elegidos) le favorece, o si le sale un conejo de otro color.
Porque en la otra esquina no tiene a ningún novato. Se enfrenta nada menos que a Cruz Pérez Cuéllar, un viejo lobo de mar en el arte del pragmatismo electoral. Cruz ya se declaró más que puesto para su propia "cruzada de convencimiento". Experiencia le sobra, colmillo también, y sabe perfectamente cómo mover los hilos de la estructura. La moneda está en el aire y pronto veremos de qué cuero salen más correas: si de la frescura y el discurso hiper-leal de la joven ex senadora, o de la vieja escuela del ex alcalde juarense.
Mientras tanto, en la banqueta de enfrente...
Mientras los morenistas se van a despedazar alegremente en su proceso interno, en el PAN están cruzados de brazos, esperando a ver qué bando queda más herido para decidir cómo mover a sus alfiles. El problema es que el genio estratega del albiazul parece que quiere revivir muertos.
Suena fuerte el rumor de que pretenden meter con calzador a un impresentable personaje de origen tricolor. Sí, un priista de cepa que ya anda armando su equipo "multicolor": azul por fuera, pero con el corazón verde, blanco y rojo por dentro. A la militancia panista tradicional —esa que todavía tiene algo de memoria y dignidad— la idea de digerir ese sapo les está revolviendo el estómago; no lo quieren nadita.
Pero claro, al susodicho saltimbanqui y a la cúpula que lo patrocina les importa un reverendo cacahuate el sentir de las bases. Al final del día, la política chihuahuense se está convirtiendo en un gran festival del camaleón: unos jurando purismo de izquierda desde la cuna del poder, y otros tiñendo el azul de un rancio tricolor que nadie extraña. ¡Cuidado! No los vaya a sorprender un coahuilazo…
¡Hagan sus apuestas, que el espectáculo apenas comienza!



