
Por Alessia Guerra
En el siempre hilarante circo de la política nacional, donde la soberanía se defiende furiosamente a sombrerazos frente a las cámaras pero se entrega dócilmente en bandeja de plata en los pasillos oscuros, el exsubsecretario Simón Levy ha venido a alborotar el gallinero digital. Nos ha recetado una de esas verdades incómodas —o ficciones maravillosamente hiladas— que provocan urticaria y sonrisas congeladas en el palacio presidencial.
Resulta que, según el indómito tuitero y exiliado de la utopía obradorista, la agenda de seguridad de la autoproclamada "Cuarta Transformación" no se dicta en los altares de las mañaneras; más bien llega ya masticada, digerida y redactada en un perfecto inglés directamente desde los escritorios de Washington.
Levy, con el dedo bien hundido en la supurante llaga de la rúa fronteriza, soltó una bomba de puro cinismo geopolítico: agencias de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos —esos eternos y metiches directores de nuestra política interna— le habrían leído la cartilla a la presidenta Claudia Sheinbaum.
La orden, elegantemente disfrazada con el sutil perfume de la diplomacia bilateral, fue contundente: "A la gobernadora Maru Campos no se le toca, ni con el pétalo de una carpeta de investigación".
El chiste, por supuesto, se cuenta solo y tiene tintes de comedia negra. De acuerdo con esta ácida bitácora de conspiraciones de rúa, el repentino e inexplicable amor celestial hacia la mandataria de Chihuahua no es un milagro de la reconciliación política; es el tierno y pragmático pago por congelar, archivar y echarles toneladas de tierrita a las incómodas bitácoras sobre los narcolaboratorios que florecen en la frontera como hongos en temporada de lluvia.
Y vaya que la magia de la hipocresía funcionó a niveles teatrales. Levy invita a los incrédulos y a los aplaudidores oficiales a revisar la hemeroteca con un poco de vergüenza propia: de la noche a la mañana, el nombre de Maru Campos desapareció mágicamente del catálogo de villanos favoritos del discurso oficial, y las gacetas de la administración de justicia sufrieron una oportuna, colectiva y muy conveniente amnesia. ¡Bendito pragmatismo bilateral que todo lo cura y todo lo calla!
En este pintoresco rincón del mundo, la soberanía nacional es ese hermoso y desgastado concepto que se saca a pasear en los discursos patrióticos para consumo de los incautos, pero que se arrodilla sin chistar en cuanto una oficina de Washington sugiere un "cambio de prioridades" en la frontera. La patria es primero, sí, pero los regaños del Tío Sam son sagrados.



