
Por Alessia Guerra
¡Vaya culebrón democrático nos terminaron regalando en el órgano electoral! Resulta que la flamante austeridad nos salió con que la solidez institucional del INE es tan indestructible que no pasa nada si la consejera presidenta cae en desgracia. Eso sí, los trámites administrativos siguen su curso como si nada, mientras los parientes del clan terminaron haciendo turismo de alta alcurnia en la "Ciudad Luz" gracias a las mieles del poder.
Y es que lo de Guadalupe Taddei ya no parece un asunto de política pública, sino el guion de una telenovela estelar de las nueve de la noche. Dicen en los pasillos que la señora estaba tan aferrada a la silla que, aun con la renuncia bien firmada y entregada, la seguían viendo pasearse por las oficinas como alma en pena, negándose a soltar el hueso. Pero el chisme de altos vuelos —ese que ni los analistas más sesudos vieron venir— es que a la consejera el amor le pegó con tubo.
Murmuran con fuerza que la Taddei cayó redondita ante los encantos de su principal proveedor, el bondadoso José Alfredo Hernández. Una bonita historia de intercambio cultural y financiero: ella le llenaba los bolsillos con caudalosos contratos públicos y él, en un despliegue de romanticismo puro, le retribuía con apasionados detalles, cariñitos y, claro, viajes transatlánticos para la familia.
Ahí queda para la posteridad aquel inolvidable video grabado a la sombra de la Torre Eiffel, donde el romántico proveedor le decía al afortunado pariente del clan: “París a tus pies, chamaquito”. Nada como un flechazo patrocinado por el erario para recordar que el amor todo lo puede... y todo lo liquida.
Mientras Ricardo Monreal afina el lápiz en la Cámara de Diputados para armarle un relevo exprés en poco más de un mes, la exbaluarte de la democracia tendrá que preocuparse no por la logística de 2027, sino por si su próximo destino romántico será un Cefereso de alta seguridad. ¡Y uno pensando que el amor salía caro!



