
Por Alessia Guerra
Hay que tener la piel muy gruesa —o de plano la cara de cemento— para pasar de limpiar los desmadres judiciales del estado a querer limpiar las calles de Chihuahua. Pero así es la magia del patio político local: César Jáuregui Moreno, el mismísimo ex fiscal general, se quitó la corbata de burócrata de alto nivel, se calzó las botas de "pueblo" y reapareció en redes con un video que es una joya del descaro norteño.
Dice el susodicho que arranca una "agenda permanente" para sudar la camiseta en las colonias y hablar con las bases del PAN. ¡Por favor! A otro perro con ese hueso. Lo que el "Zorro" anda buscando no es el bienestar de la militancia; lo que busca es impunidad política y presupuesto municipal de cara al 2027. Ahora resulta que el hombre que operaba desde las sombras del poder quiere que el PAN "sea de los militantes". ¿Desde cuándo a la cúpula le ha importado la opinión de los de abajo, a menos que necesiten que llenen un mitin?
Del CIAGate a las colonias: Memoria corta para un pueblo manso
Lo verdaderamente ácido de este chiste es ver si Jáuregui va a rescatar del basurero de la historia aquellas lonas de los espectaculares que tuvo que bajar corriendo cuando el escándalo del CIAGate le estalló en las manos. En cualquier democracia medianamente seria, un torbellino de ese calibre retira a un político de por vida. En Chihuahua, solo te manda a la banca un ratito a esperar que a la gente se le olvide.
Y hablando de silencios incómodos:
La santa alianza que parecía inquebrantable se esfumó. Hoy, el "Zorro" se le alebrestó a su ex jefa y ahora camina por su cuenta. En los pasillos de Palacio de Gobierno el ambiente se corta con navaja: ver a tu ex colaborador más cercano jugando a las contras y armando su propio circo rumbo a la alcaldía no debe caer nada bien en el estómago de la jefa estatal.
El "Manual del Perfecto Candidato" (Versión Reciclada)
Para envolver su ambición, Jáuregui nos escupió un chorro de palabrería mareadora sobre "posicionamientos técnicos", "bitácoras" y "configuraciones operativas". Puro lenguaje de hule para no decir lo obvio: está desesperado por no quedar fuera del presupuesto.
El ex fiscal ya empezó el clásico y patético ritual de darse baños de pueblo, estrechar manos con olor a garnacha y prometer el cielo a los mismos liderazgos sociales que el resto del año ni les toman la llamada. Veremos cuánto le dura el gusto de empolvarse los zapatos antes de que el fuego amigo de su propio partido —ese que cocina las traiciones a fuego lento— lo regrese a la realidad de una bofetada.
César ya enseñó el colmillo, pero en este ecosistema, siempre hay un depredador más grande esperando en la sombra. ¡Que comience el canibalismo azul!



