
Por Alessia Guerra
¡Paren todo y dejen de mirar hacia Chihuahua! Mientras todo el mundo estaba muy entretenido, palomitas en mano, siguiendo los giros dramáticos del ya clásico libreto del MaruGate —un distractor digno de Hollywood montado por la Federación—, en la Cámara de Diputados se consumaba la verdadera obra maestra. Los diputados de Morena, siempre tan preocupados por nuestra fatiga democrática, acaban de instalar el seguro definitivo.
¿Para qué desgastarnos con engorrosos árbitros independientes? La nueva máxima del régimen es tan poética como absolutista: "¿Quién va a vigilar a quien vigila? Pues nosotros mismos, faltaba más".
El "Auto-Juicio": La comodidad de ser juez y parte
Imaginen la genialidad del plan para las próximas elecciones. Si un candidato de la Cuarta Transformación llega a infringir la ley electoral —cosa que, por supuesto, nunca ha pasado ni pasará porque son moralmente superiores—, ya no habrá tribunales neoliberales que vengan a incomodar con la ley en la mano.
El nuevo sistema de justicia electoral promete ser sumamente eficiente:
El acusado: Un candidato oficialista.
El fiscal: Un diputado del oficialismo.
El juez: El mismísimo Gobierno Federal.
Predicción del veredicto: 100% de inocencia garantizada, con mención honorífica por su "espíritu transformador". Es la utopía jurídica con la que soñaría cualquier monarquía absolutista del siglo XVIII, pero adaptada al siglo XXI con chalecos guindas.
La dictadura con "seguro" electoral
Dicen los conservadores y la oposición (esos eternos aguafiestas) que esto es pavimentar el camino hacia una dictadura. ¡Qué falta de visión! No es una dictadura; es simplemente una democracia blindada contra los ciudadanos. Están asegurando el futuro, previniendo el gravísimo riesgo de que el pueblo se equivoque al votar.
Tienen el presupuesto, tienen el Congreso, tienen las mañaneras y ahora tienen las llaves del árbitro electoral. El tablero está tan perfectamente inclinado que las próximas elecciones no serán una competencia, sino un trámite administrativo de autoafirmación.
El truco de magia del MaruGate
Hay que aplaudir de pie a los estrategas de Palacio. El MaruGate funcionó a la perfección como la clásica cortina de humo del mago: mueven la mano izquierda con escándalos locales para que nadie note lo que la mano derecha está robando... perdón, legislando.
Mientras la opinión pública discutía el veredicto del día, el Gobierno Federal ponía el candado final al sistema electoral. Ahora sí, el juego está cerrado. Bien jugado, señores diputados. Lograron resolver el dilema histórico de la democracia de la forma más sencilla: volviéndose dueños del balón, de la cancha, del silbato y del marcador.
¿Quién va a juzgar a Morena? Morena. Y al que no le guste, siempre puede quedarse viendo la repetición del MaruGate.



