
Estados Unidos.- El encarecimiento sostenido del petróleo comienza a impactar la economía al reducir el gasto de los consumidores y presionar a empresas, en un fenómeno conocido como “destrucción de la demanda”, que puede modificar hábitos de consumo y frenar la actividad económica.
La Agencia Internacional de Energía advirtió recientemente que, ante una crisis de suministro sin precedentes, este efecto podría intensificarse si continúan los altos precios y la escasez. En Estados Unidos, ya se observan señales: el aumento en el costo de la gasolina ha reducido el poder adquisitivo, especialmente en los sectores más vulnerables.
Economistas señalan que el impacto no es inmediato, pero sí progresivo. El alza energética actúa como un “impuesto” indirecto que obliga a familias y empresas a destinar más recursos a combustible, limitando otros gastos como viajes, entretenimiento o compra de bienes duraderos.
De acuerdo con analistas de la firma RSM, este proceso suele desencadenar una reacción en cadena: primero cae la confianza del consumidor; después se aplazan compras importantes como autos o viviendas; posteriormente, las empresas enfrentan menores ingresos, reducen inversiones y, en algunos casos, recortan empleos.
El contexto internacional añade incertidumbre. Las tensiones en el estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte de crudo, mantienen en alerta a los mercados. Un bloqueo prolongado podría agravar el escenario, afectando no solo al petróleo, sino también a otras materias primas esenciales.
Ante este panorama, la Reserva Federal de Estados Unidos podría verse obligada a endurecer su política monetaria para contener la inflación, lo que incrementaría el riesgo de desaceleración económica.
No obstante, algunos indicadores muestran resiliencia. Expertos de Oxford Economics consideran que la economía ha resistido mejor de lo previsto gracias a factores como reembolsos fiscales y estabilidad en activos financieros. Aun así, advierten que el escenario puede cambiar rápidamente si persisten las tensiones y los precios elevados.
En el mediano plazo, este tipo de crisis suele provocar cambios estructurales: mayor adopción de energías alternativas, ajustes en los patrones de consumo y transformación en la forma de operar de las empresas.



