
POR ALESSIA GUERRA
Dicen los que saben de alquimia política que la necesidad es tremenda y que el amor en tiempos de campaña es capaz de pintar el corazón más tricolor con el azul más subido. Para muestra, el botón que oprimió el mismísimo Santiago de la Peña, quien por segundo sábado consecutivo se agenció el ya clientelar Lago Di Como. Organizó un desayuno (al estilo César Jáuregui), para mujeres con toda la vieja escuela, de ese estilo que huele a puro acarreo del viejo PRI.
La logística parecía de primer nivel: camiones urbanos pasando puntuales casi hasta la puerta de las casas de las doñas. El problema es que a los genios de la organización se les fue el sombrerito: contemplaron el raid de ida, pero se les olvidó por completo el flete de regreso a las colonias.
Cuentan las malas lenguas que el menudo y los chilaquiles hicieron digestión exactamente a las tres cuadras de haber iniciado el calvario a pie bajo el sol, porque con las tarifas dinámicas del Didi, el chiste salía en un ojo de la cara. Eso sí, la lección quedó clara: en la política de ahora, te invitan la artisteada, pero los huaraches para la friega del regreso los pones tú.
Pero el verdadero banquete no estuvo en las mesas, sino en el presídium, donde la cosa se puso color de hormiga. Resaltó con luz propia la reaparición de la ex-influencer Yarely, aquella que le manejaba la agenda a Santiago en los tiempos de la gestión de Javier Garfio en la Presidencia Municipal. Ahora se hará cargo de utilizar sus redes a favor de su ex jefe.
A la rubia de cabellera larga. Le entraron unos bochornos inexplicables y hacía unos gestos que se notaban a leguas; traía un abanico de mano que movía frenéticamente de un lado a otro para echarse aire, mientras el mismo sistema del local también le movía el cabello.
El Camaleón y la Calculadora
Resulta bien tierno ver ahora a Santiago poniendo corazones azules en el Facebook y contestando comentarios con una devoción digna de panista de cepa, de esos que traen el bolillo tatuado. Cómo cambian las cosas. Quién diría que el recordado "barbas de candado", que en sus mejores épocas priistas se le iba a la yugular al PAN y los bajaba de santurrones, hoy suspire por la ola azul.
Al final del día, la cifra oficial la dejaron en 2,600 mujeres. Ni una más, ni una menos, pa' que cuadre el mitote. Una bonita foto para el feis y para quedar bien arriba. Sin embargo, Santiago debería recordar que las elecciones se ganan con votos reales y que la lealtad del acarreado dura lo que tarda en enfriarse el café gratis... a menos, claro, que les vuelvan a pedir la foto del voto en el celular como se estilaba antes. Eso sí, a ver si para la otra sí les cumplen con el camión de vuelta.



