
Por Alessia Guerra
¡Bueno, bueno, bueno! En el lienzo charro de la política chihuahuense, las espuelas andan buscando costillar y los caballos andan sueltos. El que va bien encarrilado —y de reversa ni para agarrar vuelo— es el exfiscal César Jáuregui Moreno. A este corcel azul no hay lazo que lo pare ni charro que lo desboque del trabajo que trae entre manos. Dejó los mensajes ocultos en el rincón de las quejas y, hasta el momento, a este caballo no lo han amansado.
Está más que claro que su corazón late del lado azul de la cerca. Pero en el ruedo de los dimes y diretes, la cosa se pone color de hormiga. Hay un personaje de zapatos bien lustrados, barba de candado y corazón tricolor que lo tiene entre ceja y oreja. Este caballero, hoy propenso al disfraz azul pero con las mañas y el ADN del viejo PRI, no se cansa de denostar al panismo. El problema es que para ganarse a la caballada no basta con chiflarle; hay que darle pasto, y el de la barba de candado no hace absolutamente nada por convencer a los panistas de cepa que, para acabar pronto, son indomables cuando se trata de defender la casa.
"A caballo regalado no se le mira el colmillo, pero a político con piel de oveja se le nota la marca del fierro a leguas."
Los militantes de Acción Nacional, bien metidos en el corral de su ideología, no dan su brazo a torcer tan fácil. Y es que, ¿cómo pretende este "barbón" descalificar a la base del PAN si ni siquiera tiene la camiseta bien puesta? Alguien tendría que recordarle que al que no sabe montar, hasta las orejas del caballo le estorban. ¿Quién lo va a seguir si ni él mismo confía en su montura?
Por eso Jáuregui relincha, y con justa razón. Mientras el de la barba tira coces al aire, el exfiscal aplica la de los viejos caporales: no se rebaja al pleito callejero ni a la descalificación barata. Al contrario, usa su colmillo en el servicio público como un escudo bien curtido. Su argumento es contundente: los resultados de sus gestiones pasadas son reales, verificables y tienen fierro de garantía; ahí no caben las improvisaciones de los que apenas están aprendiendo a lazar.
Mientras otros gastan saliva en la cantina de la grilla, Jáuregui anda en plena faena, metido en el lodo del territorio y con el diálogo de frente. Sabe perfectamente que al ojo del amo engorda el caballo, y por eso no suelta la interlocución con los cuadros panistas para amarrar su base de apoyo de cara a lo que venga.
Al final del día, para el exfiscal los berrinches de ciertos personajes son como las tolvaneras del desierto: mucho polvo, pero pasan rápido. Lo que de verdad importa son las demandas estructurales de Chihuahua capital. Jáuregui ya pintó su raya: prefiere atender el rancho grande que desgastarse con los que solo buscan agua para su propio molino. ¿Llegarán a domar al exfiscal? Eso solo los verdaderos jinetes lo saben... pero de que el caballo pesa y trae escuela, ni quien se lo discuta.



