
Por Alessia Guerra
¡Qué bonita vecindad! Escuchar a la gobernadora Maru Campos convocar a la "unidad granítica" contra la perversa guerra sucia mientras opera un dedazo del tamaño de la Catedral de Chihuahua, es una joya del surrealismo político. Dice la mandataria, con tono de estratega en tiempos de crisis, que las maniobras externas buscan dividir. Pero, como diría el clásico: ¡fue sin querer queriendo! El verdadero cisma no viene de fuera; lo cocinaron en el propio horno de Palacio.
Para nadie es un secreto que el elegido de la casa para la Presidencia Municipal es Santiago de la Peña. El secretario general de Gobierno camina con la bendición oficial, a pesar de que tiene de panista lo que Don Ramón tiene de ganas de pagar la renta.
El Caballo de Troya Tricolor
Para la militancia de cepa, la que se asoleó las ideas defendiendo los colores azul y blanco, este plato ya no pasa. Ver el arropamiento a un priista de hueso colorado, orgulloso heredero del "duartismo" y excolaborador de Javier Garfio, es una patada al hígado de la doctrina humanista.
Lo verdaderamente cínico es el nivel de soberbia con el que se mueve el ungido:
El desdén a la militancia: Ufanándose abiertamente de que no necesita registrarse en el PAN.
La soberbia aritmética: Soltando el desplante de que no le hacen falta "los 50 chícharos" de la base azul para asegurar la candidatura.
El dedo mágico: Confiando en que el carnet de Palacio de Gobierno sepultará cualquier rastro de democracia interna.
Claro, el capricho cupular lo puede sentar en la silla de la Presidencia Municipal, pero las urnas constitucionales son otra historia. ¿Quién va a votar por él? ¿El minúsculo y nostálgico reducto del PRI? ¿O los panistas agraviados a los que hoy obligan a aplaudirle a quien antes se burlaba de ellos?
La Estrategia de la Estaca y la diputación legislativa
Detrás de las bambalinas, el "barbas de candado" no opera solo. El secretario general ha encontrado en la diputada de Morena y ex priista, Brenda Ríos a la aliada perfecta para pavimentar el camino a base de dinamita política. Desde la tribuna y los hilos del Congreso, aplican la vieja escuela de la política rancia: "Te invento el problema, te siembro la calumnia, te manipulo el escenario y luego me vendo como la solución". Un chantaje de manual —de esos donde se entierra la estaca y se esconde la mano— diseñado minuciosamente para tronar a cualquier aspirante panista legítimo que represente un estorbo.
La gran contradicción: Mientras el discurso oficial se llena la boca hablando de un "gobierno humanista que camina junto", en la práctica se le impone a la base a un candidato tricolor que desprecia las siglas que lo van a postular.
Si la única forma de darle respuesta a los chihuahuenses es la unidad, alguien debería recordarle a la gobernadora que la cohesión no se decreta por capricho ni se compra con pragmatismo de conveniencia. A ver si por andar jugando a la alquimia con piezas ajenas, no terminan rompiendo el juguete antes de la elección. Al tiempo.



