
WASHINGTON D.C.- El Departamento de Justicia de Estados Unidos se alista para solicitar una acusación formal contra el expresidente cubano Raúl Castro, según revelaron fuentes cercanas al proceso a The Associated Press. La medida surge en un contexto de máxima tensión, mientras el presidente Donald Trump lanza advertencias sobre una posible intervención militar en la isla, similar a la ejecutada en enero pasado en territorio venezolano.
De acuerdo con los informes, la acusación contra Castro estaría vinculada al derribo de dos avionetas del grupo de exiliados Hermanos al Rescate en 1996, evento ocurrido cuando él se desempeñaba como Ministro de Defensa.
La posible acción judicial contra Castro eleva los temores de un conflicto armado, siguiendo el modelo aplicado recientemente contra el gobierno de Caracas:
Captura en Venezuela: En enero de 2026, una operación militar estadounidense resultó en la captura de Nicolás Maduro, quien fue trasladado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.
Efecto Dominó: Tras la caída de Maduro, la administración Trump intensificó la presión sobre La Habana mediante un bloqueo a los envíos de combustible.
Impacto Económico: Estas sanciones han provocado apagones críticos, escasez de alimentos y el colapso de la actividad económica en la isla, preparando el terreno para una confrontación directa.
Cualquier cargo penal contra Raúl Castro requeriría la aprobación de un jurado investigador. De concretarse, se rompería definitivamente cualquier canal diplomático restante entre ambos países. El incidente de 1996, en el que cuatro pilotos murieron tras ser interceptados por MiGs cubanos en espacio aéreo internacional, ha sido durante décadas un punto de fricción legal que Washington busca ahora reactivar bajo cargos de homicidio o terrorismo.
El gobierno cubano no ha emitido una respuesta oficial ante la filtración de esta investigación. Sin embargo, analistas internacionales advierten que la combinación de una acusación formal y la presencia militar estadounidense en la región coloca al Caribe en su punto más inestable desde la Crisis de los Misiles, con el gobierno de Trump decidido a desmantelar los remanentes del bloque aliado de Venezuela en el continente.



