
CHIHUAHUA, CHIH. — La posible incursión de Santiago de la Peña en los procesos internos de Acción Nacional ha levantado una polvareda de indignación entre la vieja guardia albiazul. Militantes históricos rechazan que un perfil forjado en las filas del PRI pretenda ahora dar lecciones de democracia cristiana, calificando el movimiento como una falta de respeto a la identidad del partido.
Para doña María, una panista de cepa con más de siete décadas de vida y una lealtad a prueba de derrotas, la noticia no es evolución política, sino un chiste de mal gusto. Con la memoria intacta, recordó que De la Peña no solo vestía otros colores, sino que disfrutaba mofarse de los "panistas" en sus tiempos de gloria tricolor.
"Nunca imaginé ver que un priista quiera ocupar un lugar que por ideología no le pertenece. Oiga, eso es una burla", sentenció doña Mary, mientras reafirmaba que ella es "azul por convicción" y no por conveniencia de nómina.
Entre la memoria y el pragmatismo
Mientras la cúpula parece aplicar aquello de "borrón y cuenta nueva", la base militante no olvida los años de rivalidad ideológica. El malestar radica en que, a pesar de que Santiago asegure haber dejado atrás su pasado revolucionario, su ADN político sigue pareciendo demasiado "rojo" para quienes cargaron las banderas del PAN cuando ser de oposición costaba sangre, sudor y lágrimas.
Para los inconformes, el intento de De la Peña de "meterse" en las decisiones del partido es visto como una invasión. "No y no", repite doña Mary, resumiendo el sentir de un sector que se niega a ver cómo el escudo del color del cielo termina teñido de un sospechoso tono ladrillo.



